Happy Birthday Dreamhost! ~ ¡Felíz Cumpleaños Dreamhost!

Posted by The Mage of the Many Shadows on septiembre 10th, 2013 filed in Dreamhost
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A happy birthday to Dreamhost!

16 years. Yay! I’ve shared my dreams with your help for about 13 years so far. And I could not have asked for a better experience. Outstanding quality and support.

I wish for you to have a great new year of life, with many more to come. I wish for us to continue to share dreams and to conquer the web with awesome technologies.

Live long, and prosper!

 


Fundamentalismo “científico”

Posted by The Mage of the Many Shadows on mayo 11th, 2013 filed in Astrología, Reflexiones, Tarot, Trabajo
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Estuve un largo rato tratando de ver cómo titular este post. El resultado ‘Fundamentalismo “científico” ‘ es, quiero creer que con obviedad manifiesta, una contradicción. Aplicado a una persona, no se puede ser lo primero, si se es lo segundo, y vice versa. Al menos no sin comprometer la esencia de lo que ambas palabras significan.

Nuestro mundo moderno está altamente tecnificado. Se sirve de la aplicación de la ciencia en forma de tecnología, y tiene un énfasis cultural en la adquisición de títulos y diplomas que, en teoría, lo preparan a uno para entender y contribuir a la sociedad. Pero también es un mundo profundamente “no-científico”. La educación real en ciencia sigue siendo algo limitado a una parte muy pequeña de la población. Y no hablo sólo de quienes estudian carreras científicas, sino incluso a nivel de “cultura general”, la idea que se transmite de cómo la ciencia funciona es, casi siempre, errónea. El resultado es la creación de ciertas tendencias “cientificistas”, en una población que es claramente iliterata en cuanto a cómo funciona el sistema de conocimiento que llamamos ciencia.

Por otro lado, el conjunto de realidades potencialmente experimentables por nosotros como seres humanos, la increíblemente amplia y maravillosa diversidad que nos presenta el universo, con todas sus sutilezas, su elegancia, infinitas complejidades y simplezas aún está más allá de la frontera de nuestro conocimiento. Tanto cuando miramos hacia adentro nuestro, cuestionando la naturaleza del a experiencia humana, como cuando miramos hacia afuera, interrogando a la propia naturaleza sobre su carácter y su entramado de causalidades con las que construimos teorías “objetivas” sobre el “mundo real”… llegamos a un punto en el que, si somos fieles a nosotros mismos, nos vemos obligados a contestar “no lo sabemos”. Aún.

La frontera del conocimiento.

El avance del conocimiento científico se basa en el consenso de una comunidad altamente especializada de personas. Las ideas se postulan, se ponen a prueba, se refinan, se publican, y en base a poder las pruebas ser replicadas independientemente son aceptadas como parte del cuerpo teórico de la ciencia. Cuando no hay replicación posible, o cuando los resultados no acompañan a las ideas propuestas, estas se reformulan o se descartan.

En el corazón del sistema subyacen ciertos principios íntimamente interrelacionados:

  • Nadie tiene la verdad absoluta, y todo resultado o construcción teórica está sujeta a análisis, verificación y mejora.
  • No puede haber resultados o teorías que sean considerados tales sin verificación independiente.
  • Cualquiera puede, con acceso a la educación adecuada y a las publicaciones, llegar a los resultados y razonamientos originales y juzgar pos si mismo qué significan.

Cómo el propio sistema científico es una creación humana, no es perfecto, pero al menos está diseñado para adaptarse y reformularse, mejorando con el tiempo.

Por su propia naturaleza, la ciencia está adaptada para lograr sus mejores resultados en los campos en los que la repetibilidad de los resultados y la naturaleza de las observaciones tienden hacia la objetividad, de modo tal que generar el consenso dentro de la comunidad científica es algo que ocurre naturalmente.

Fuera de los límites: la experiencia subjetiva.

En los lugares en los que la ciencia tradicional tiene menos éxito, generalmente encontramos que parte de la razón de la falta de consenso en la comunidad de investigadores se debe a que el sujeto de la investigación no es tan claramente “objetivo”…  depende de cierta percepción subjetiva, de cierta naturaleza humana que no es fácilmente modelable y para la cual las herramientas lógicas, matemáticas y analíticas actuales no tienen una respuesta completa, y por ahí ni siquiera son las adecuadas.

Es por eso que en las llamadas ciencias sociales o a veces ciencias humanas, cuesta mucho extraer modelos predictivos. Y la predicción, lamentablemente, es parte crucial de cualquier teoría. Sin ella no hay experimentación posible. El ciclo natural del desarrollo científico (observo, reflexiono, modelo, con ese modelo predigo, pongo a prueba y si la prueba es correcta, postulo la teoría) se dispara en su propio pie si no hay predicciones que poner a prueba, o si las pruebas dan resultados no significativos independientemente del modelo que esté probando.

En última instancia, esto a mi me lleva a dos conclusiones:

  • La información total contenida en el universo siempre es más grande que aquella que podemos entender, procesar o limitar. Vivimos por tanto realmente en un universo infinito, más allá de sus características espacio-temporales.
  • En el límite exterior del conocimiento del mundo objetivo (y si existe tal cosa, lo dejamos para otra vez), está nuestra percepción subjetiva. Qué es lo que nosotros “creemos” que estamos percibiendo, y que significado le asignamos a eso.

Y acá tengo que tomar una decisión: O me embarco en una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la percepción y del conocimiento, o cambio el rumbo y voy hacia la experiencia particular que me inspira hoy a escribir. Y corresponde ir a lo segundo, siendo que hasta acá, tenemos una muy somera introducción a temas que van a venir bien para analizar lo que sigue.

Nadar contra la corriente.

Yo se positivamente que nunca estuve demasiado cerca de lo que muchos consideran “normal”. Demasiada sensibilidad, demasiado inquisitivo, paciencia distribuida no muy uniformemente. A veces demasiado desapegado, a veces demasiado demandante. Demasiado callado, o hablando de demasiadas cosas qeu a nadie le interesan. En fin. Digamos que hacerme “encajar” en el orden social fue tarea ardua para mis padres y maestros.

Siempre caminé por una línea muy delgada… tengo una mente muy critica, adepta al pensamiento abstracto, a veces demasiado detallista. Y a la vez, soy muy sensible al ambiente, a lo que los otros piensan o sienten, y a mis propios cambios de humor. El resultado es que fui educado (por elección propia en gran medida) para dedicarme a la ciencia y a lo técnico. Soy tećnico químico, y tengo interrumpidos varios intentos universitarios en ciencias duras. Y hasta mis 20 y pico, mi vida estuvo aplicada a eso. El resto lo dejaba volar por mi interés en los juegos de rol medievales y por la literatura fantástica.

Mi vida profesional siempre estuvo ligada a la tecnología y sus aplicaciones, y desde hace ya 14 años, a su aplicación a la enseñanza de la física en un contexto universitario.

Esta podría ser una historia de éxito típica de alguien que se convierte en un científico clásico. Pero no lo es en realidad, porque de clásico seguro que no tengo nada. Por varios años durante mi adolescencia escondido detrás de mi deseo de entender todo lo que podía entender, y como un vacío creciente que no pude identificar en su momento, lo que crecía era la duda, y la divergencia entre la experiencia subjetiva del mundo y el modelo científico que siempre había usado para describirlo.

El resultado final, es en gran parte mi “yo” actual: por un lado vivo en un ambiente científico, uso el método científico para casi todo en mi vida, tengo una visión crítica de casi todo…. pero por otro lado…. tengo fe, creo en muchos dioses y diosas, me considero una persona religiosa, he practicado la magia en  muchas formas, practico varias tećnicas de adivinación, estudio astrología y tengo un largo, largo etcétera de intereses por lo oculto y el conocimiento que normalmente se denomina esotérico.

Pero no es que sea un esquizofrénico, ni que tenga desorden de personalidades múltiples. Ambas partes de mi vida forman un todo indivisible. En una prioriza la mente, en otra la intuición y la sensación. Pero una nunca domina a la otra. A veces conviven armoniosamente, otras veces es un poco más problemático.

Ni lo uno ni lo otro.

Obviamente, esto me hace ser “sapo de otro pozo” en muchos lugares. Demasiado racional para ser un “brujo”, demasiado poco riguroso como para ser un “hombre de ciencia”. Y eso azuza los prejuicios. No menos los míos que los de los otros. La dicotomía entre mis dos formas de encarar la vida sólo se resuelve cuando ambas miradas son absolutamente sinceras. Sólo cuando no “me la creo” en ninguno de los dos niveles, cuando mis palabras están completamente respaldadas por experiencia personal, cuando el razonamiento está enraizado en vivencia y conocimiento compartido es que obtengo lo mejor de mi, lo más auténtico y sano. En todos los otros casos, es para tratar en terapia, o para observar, cambiar y reparar.

Lo distinto asusta.

Lo distinto asusta, o no se entiende. Instintivamente, la sociedad nos presiona a separarlo y atacarlo de alguna manera. Y es irónico que mis primeras experiencias con eso fueron con lo que ahora muchos consideran la parte “normal” de mi vida, mi interés científico. Cómo todo nerd/geek de poca habilidad interpersonal y mucho menos deportiva, sufrí cargadas varias por años. Y muchos se preguntaron en mi adolescencia, “de qué iba a vivir”, con eso que estaba tratando de estudiar.

Superada la instancia, y con cierto cambio social que rehabilita un poco el estilo de vida que siempre llevé, eso quedó bastante en el pasado. Por ahí en parte gracias a Sheldon, ser geek está medio de moda ahora. Lo que no está de moda, es que tu geek científico clásico también sepa tirar las cartas del Tarot, hable de elementales y formas de pensamiento, te cuente que finalmente entendió el significado de Júpiter retrógrado oposición Sol-Marte en su carta natal… o mucho menos te hable de invocar dioses antiguos en un ritual pagano. Eso parece que pasó de moda en el siglo 16.

Y acá voy a hacer otra gran salvedad y dejar un tema enorme para otro momento: el rol del secreto en las tradiciones de conocimiento esotérico, y hasta qué grado conviene que lo oculto sea oculto.

¡Eh tu! ¡Brujo loco! No tienes derecho a…

¿… a trabajar en ciencia? ¿…a hablarte con argumentos racionales, respetando tu punto de vista aunque no respetes el mío? ¿… a expresar libremente mis ideas y permitir que otros aprendan de mi experiencia? Parece que algunos creen eso.

Esto es algo que seguramente les ha pasado a todos aquellos que por no mantener ocultos sus estudios esotéricos en el mundo “normal”, alguna vez fueron maltratados por personas que consideran que estas cosas son sinónimo de ignorancia, de autoengaño, enfermedades mentales, etc. Ni hablar de los que creen que uno está influenciado por el demonio (a esos también los dejo para otro momento).

La cuestión se ve exacerbada cuando se enteran que uno tiene una posición bien ganada en la facultad más dura de la universidad pública más grande del país. Cómo puede ser.

Una vez hasta me insultaron (y me desearon la muerte) por twittear sobre astrología (y tener en mi bio que trabajo en la Facultad). Y quiero dejar constancia, que nunca hablé o escribí a nombre de mi empleador sobre estos temas. De hecho, mi cargo no tiene atribuciones que me permitan hablar a nombre de la Facultad en prácticamente ningún contexto jejeje.

Que hayan llegado a decirme que me aprovecho del pueblo porque se invirtió en mi formación y yo ahora la uso para estafar gente (porque para algunos, aquello de lo que no entienden sólo puede ser una estafa).

Con el tiempo, uno desarrolla cierta piel gruesa ante estas situaciones. Y sabe que si habla de cierta manera en determinados ambientes (ej: una vez comenté una nota de astrología de La Nación y recibí ataques de este estilo), puede levantar cierto revuelo. Se aprende a no tomarlo personalmente.

Pero cada tanto te pasa que no te lo esperabas, y que de un comentario inocente salen respuestas desproporcionadas. Y pega.

Lo más loco es que algunas de las mejores discusiones sobre temas esotéricos las tuve con gente de la Facultad. En el mundo real, los científicos rara vez le asignan a su ciencia la totalidad del conocimiento. Son conscientes de sus límites. Y aparte… si la ciencia pudiera explicar absolutamente todo, ya no tendría razón de ser, ni harían falta científicos. Los que han estado “del lado de adentro” lo saben. O al menos la mayoría lo entiende. Obvio que como en toda población humana hay gente que no, hay extremistas, hay agnósticos, hay gente ultrareligiosa (¡y practicante de religiones que niegan lo que la propia ciencia toma como cierto!).

Está claro que un pagano como yo puede estar en situaciones incómodas discutiendo metafísica con alguien del Opus Dei, pero para el caso, casi cualquiera estaría en la misma situación, y poco importaría que el hipotético miembro del Opus sea matemático, físico o biólogo molecular.

Lo cierto es que entre la gente que hace ciencia hay una diversidad relativamente saludable de puntos de vista. E incluso, dado que muchos de ellos están acostumbrados a tratar con lo desconocido, o con aquello que está en los bordes del conocimiento humano, una muy interesante cuota de respeto por aquello que es diferente de lo que uno piensa o cree.

Y ojo que yo no estoy libre de tener alguna que otra opinión desubicada, o de haber jugado al límite con esa tolerancia en alguna ocasión. Y entiendo que fanáticos hay en todas las disciplinas, y seguramente yo vengo teniendo la suerte de no habérmelos cruzado.

Los eventos más furibundos de indignación y consecuente insulto siempre vinieron de afuera del “ambiente”.  Y más: por gente que idealiza lo que la ciencia debe ser, más que nada porque no está lo suficientemente educada en lo que la ciencia realmente es.

Cómo responder.

Mi experiencia es que no hay una fórmula que permita responder realmente de forma constructiva. Es decir, la persona que ataca las creencias de otra, casi siempre lo hace desde un desconocimiento que no tiene ganas de cambiar. Cómo uno toma la agresión, por supuesto determina mucho de cómo lo va a afectar posteriormente. Por ejemplo:

  • No dar lugar. Esto, que debería ser obvio, a veces no lo es. Guardar sentido de la ubicación es importante y un rasgo de educación que no debe ser pasado por alto. Si no “nos metemos” donde no nos llaman, si no”hablamos de más”, es difícil que alguien sienta la tentación de opinar al respecto. Este balance entre lo público y lo privado, entre mantaner lo oculto y estar disponible para educar con respuestas sólidas es uno de los más difíciles que me ha tocado vivir.
  • Estar seguro de uno mismo. Si uno está seguro de sus creencias, si sus palabras son fruto de la experiencia, entonces, lo que otras personas opinen aventuradamente y agresivamente rara vez podrá afectarnos en lo personal. Si la discusión se preserva en el plano racional y de las palabras, la mitad de la batalla está ganada. Es crucial para esto que uno haya “hecho lo suyo”, y sepa cómo articular sus ideas y creencias con convicción, aún usando terminología que por ahí es ajena.
  • Pensar antes de hablar. Tomar una pausa para considerar la mejor respuesta, y que esa respuesta no sea una acalorada réplica dicha o escrita en el calor del momento es muy importante.
  • En cuanto uno tiene la certeza de que se trata de una discusión en la que ni uno ni el otro están aprendiendo nada, ni hay chances de una resolución pacífica, cerrar el tema. No vale la pena el esfuerzo para entrar en una disputa sin sentido.
  • No juzgar ni prejuzgar al interlocutor. Lo que no queremos que hagan con nosotros, no debemos hacer sobre los demás. El otro también es libre de permanecer en la ignorancia.

Con estas pequeñas guías, ya uno está mucho más preparado para poder enfrentar situaciones potencialmente hostiles. Son, obviamente, simplificaciones. Pero es un principio.

Costos inevitables.

Si uno adhiere externamente a los estándares de normalidad que la sociedad espera, entonces rara vez recibirá este tipo de atención desagradable. Uno puede mantener el secreto de lo oculto lo más secreto posible, y vivir en la vida normal de lo más tranquilo. Pero no todos podemos o queremos elegir ese modo de vida.

Sea por una cuestión de lealtad hacia nuestra propia forma de ser, por un convencimiento social y político de búsqueda de la igualdad en todo ámbito o sea simplemente porque la idea del secreto absoluto no es practicable en nuestra situación de vida, siempre habrá gente “con ideas raras”, que de alguna forma dejen ver que las tienen.

El exponerse a la crítica (constructiva o no), es entonces un costo inevitable de vivir como elegimos vivir. Es parte de nuestra batalla cultural particular. Cada uno tiene que elegir hasta qué punto quiere darla, y cuánto está dispuesto a arriesgar.

En mi caso la determinación que yo tomé es simple: No ando por la vida repartiendo fórmulas rituales, ni divulgando información que ha sido concedida bajo voto de secreto (o con expectativa de privacidad). Pero tampoco oculto mi posición religiosa como neo pagano, ni el hecho de que se tirar las cartas del Tarot, o interpretar una carta natal. Extiendo mi conocimiento libremente y sin expectativa de retribución tanto como puedo, pero nunca fuerzo a nadie a escucharme ni hago “proselitismo”. Y si bien más de una vez me tuve que bancar la pálida de enfrentar a algún desubicado, es un precio que estoy dispuesto a pagar, a fin de que otros que tienen dudas y necesidades reales y sinceras puedan servirse de lo que yo he aprendido.

Notas finales

Costó bastante escribir esto. Un poco porque requiere mucho contexto, otro poco porque me expone personalmente más de lo que normalmente lo hago. Podría haber sintetizado más, pero entonces no se si se entendería completamente. Podría haber linkeado alguna de las discusiones a las que hago alusión, pero la verdad que hacer eso es darles más entidad que la que merecen.

Espero que quienes hayan leído hasta acá hayan disfrutado, y que les sirva. ¡Saludos!