X – La Rueda de la Fortuna
Hay momentos en los que uno puede sentir claramente que la vida acaba de salir de sus rieles normales, y que a partir de allí, las cosas no sólo no seguirán el seguro derrotero de la rutina diaria, sino que se acelerarán en las direcciones menos pensadas. En esos momentos, el control que usualmente tenemos de nuestra propia existencia se tambalea.
Sin embargo, no desaparece. De hecho, creo que cuando los imprevistos se hacen moneda corriente es cuando realmente podemos comprobar qué tan en armonía con nosotros mismos hemos llegado a estar, y cuales son nuestros exactos límites para elegir la dirección en la que nos movemos, y hacer una diferencia en este mundo a partir de ello.
Desde hace poco menos de un mes, el Universo decidió recordarme las bondades de “La Rueda…” y me llevó una vez más a dar un paseo alocado por el sendero de las pruebas y los cambios. Crisol en que se funde el caracter superfluo y desbalanceado y del cual emerge el oro de la sabiduría personal.
Aún no termina, pero finalmente, y luego de muchos intentos, puedo empezar a poner palabras a esta seguidilla de “imprevistos”, pequeños caos, grandes caos, días de gris pesar y de reverdecer a la esperanza en los que la mano de mi querida Eris es clara bajo el guante del aparente sinsentido desatado a mi alrededor y en mi interior.
Preludios.
Si mi vida hubiera estado en un punto estable en estos momentos, seguramente podría haber resuelto de formas más pausadas y claras muchas de las situaciones que fueron ocurriendo. Sin embargo, y desde un punto de vista que es eminentemente subjetivo, creo que aún en mi mejor momento, esta clase de eventos de todas formas hubiera desestabilizado todo.
Yo venía acumulando, ya para un par de semanas antes de Ostara (el Equinoccio de Primavera), una necesidad de re evaluar algunos aspectos de mi vida. Con mi trabajo en una posición de rara estabilidad, pero con los dramas de plata de siempre, el centro de mi vida paso a ser el aspecto más místico y espiritual. Largos años trabajé para poder hacer este cambio, y finalmente las cosas comienzan a configurarse favorablemente.
Pronto, si los dioses miran con benevolencia, seré un sacerdote debidamente ordenado, pero quienes me conocen saben que el “papel” de la ordenación es sólo una parte de mi camino, y que más allá del reconocimiento de la Tradición, el cambio interior ha sido aquello que yo privilegié.
En este cambio es que “abrí” mi experiencia a quienes vinieron en su momento buscándome, y he ayudado desde ese momento a quienes lo han pedido, hasta el máximo de mi habilidad. Como parte de ese cambio que es necesario para dejar de ser un “simple” practicante solitario, el contacto con otros es crucial. Así como he enseñado, he aprendido, y por medio de esas personas, he aprendido más de mi mismo, de mis motivos, de mis carencias y de mis fortalezas en estos pocos meses que en años de práctica. Pero no es gratuito, y a veces uno necesita tomar un tiempo para reflexionar, y en la oscuridad del si-mismo fundar las bases para el nuevo crecimiento.
Si, esas eran mis preocupaciones cuando mi entorno familiar de golpe decidió hacer una de esas irrupciones por las que son tan conocidos.
Vamos, que esto recién empieza… me acompañan al otro lado de la hoja?
Rompé Pepe, rompé…
Que decadente, usar una frase de Tinelli como título… pero si, creo que viene al caso, porque el episodio en si bien pega con ese modo que aveces tenemos de hacer las cosas que no desentonaría en un sketch del decadente principal exponente de la TV argentina.
En una de esas intervenciones que promueven de parte de mis amigos la frase “Tu viejo es un grande”, con el tono irónico que sólo quienes conozcan al Gran Nardi pueden entender, vino mi padre con dos “maravillosas noticias”:
1) Se compró otra computadora, y obviamente necesita que se la “ponga a punto”.
2) Decidió “arreglar la casa” cosa que terminó requiriendo tres semanas de obra, para un resultado “chapucero” en el mejor de los casos.
Cambios de piso, cambios de techo, roturas de más, roturas de menos… pasó de todo. Y el gran ingeniero? Dirigiéndolo todo por medio de mensajes en el contestador. Poco importa que yo faltara una semana a mi trabajo, la obra seguía y seguía, y debimos contar con la buena voluntad de los vecinos para que alguien abriera la puerta a los “abnegados trabajadores”, que aprovechando que nadie miraba, rompieron más de una cosa que no había que romper, y laburaron con menos calidad que la que deberían.
Y no es que me guste que alguien curiosee mi biblioteca llena de libros esotéricos, o que toqueteen herramientas mágicas que más les vale no tocar.
El chiste, que terminaría originalmente en una semana y media, tardó tres, y aún hoy quedan “detalles” por resolver.
¿Prepararse para lo inevitable?
Hice todo lo que pude para prepararme, pero no fue suficiente. Usé hasta el último punto de fuerza de voluntad para procesar el hecho de que mi viejo, de la noche a la mañana, había convertido mi vida cotidiana en un caos por nada más que su propio remordimiento por su madre y sus propios caprichos. Pocas cosas hay que puedan hacerte superar eso, y yo las probé todas.
Hechizos de protección, de balance y de separación de la negatividad. Disciplina mental y personal. Y la firme convicción de que voy a sobrevivir a todo esto y salir más fuerte. Pero que mierda, fue un descontrol. Y aún me cuesta “recoger los pedazos” y recuperar mi paz interior.
Pero vamos, que no termina todo ahí…
La otra rama, y no precisamente dorada.
A todo esto, el lado materno de la familia estaba también en una crisis. Mi madre hace meses está en un estado mental crítico. Pasando por un momento personal extremadamente complicado, puso en la enfermedad (terminal) de su mascota toda la energía que tenía disponible.
Mi entrenamiento dice que eso es una transferencia masiva de energía… un enfoque casi total de toda la voluntad personal en un sólo evento. Pero sin la técnica o siquiera la idea de volver ese acto un acto mágico constructivo, la energía símplemente se acumuló en el vínculo, y cuando el inevitable final sobrevino, se liberó toda en un caótico torbellino emocional. Si, es re melodramático ¿no? bueno, vengan a pasar una temporadita y luego me cuentan.
“Now I am become death, the destroyer of worlds.”
Si quien hubiera fallecido hubiera sido un ser humano, esto hubiera sido más fácil. Pero no lo fue, y por ende mi madre en hizo todo lo que le ordena a sus propios pacientes no hacer (para los que no saben, mi madre es psicóloga especialista en enfermos teminales).
El resultado fue que por varios días, su caos se esparció sin ton ni son entre quienes estamos cerca. Tuve que limitar mi contacto, porque al haber venido todo junto, ya no me quedaba resto mental para lidiar con todo esto. Mi propia psicóloga está más o menos asombrada de cómo pude zafar de todo esto, pero no es fácil. Estuve tanto como pude, pero al final, esto fue mucho, y del total de toda esta situación, lo pagué bien caro.
Me acompañan a la conclusión…?
Oro en medio de la Escoria.
En medio de todo este caos, parte de mi “hizo click”, y creo que en mi búsqueda de la verdad interior, una vez más llegué a una conclusión: mi camino está en perfeccionar mi lado espiritual. Sin la fortaleza que obtengo de mi conexión con mis Dioses, sin la Madre Tierra y, sobre todo, sin la conciencia de mi propia fuerza interior, jamás hubiera superado esto.
Y en medio del caos, me las ingenié para continuar mi tarea. El ritual de Ostara, que pareciá condenado a ser solitario, fue un evento interesantísimo y muy productivo. La graduación de Lila, consejos sentimentales a quienes lo necesitaron, el retorno de Zard Kravell a Faerun, la vocación de ir más allá, ayudar a Cecilia cuando lo necesitó… todas esas cosas pude hacer, sentí claramente dentro mío el llamado para hacerlo, y cuando lo necesité, las fuerzas no me faltaron. La claridad mental y espiritual me permitió “no perderme” ante las exigencias ridículas (al menos desde donde yo las veo) de mis padres. Me permitió ayudar y ayudarme.
Como el Fenix…
Desde la ceniza de este caos creo que comienzo a salir una vez más. Poco a poco. Sentí pruna profunda soledad en todo esto. Y no por quienes estuvieron, que me ayudaron en todo cuanto pudieron, sino por quienes no estuvieron.
Esta es una nueva etapa del camino. Un nuevo paso más allá. Es el momento de hacer que las promesas de un mañana mejor comiencen a hacerse realidad. El momento de definir realmente la dirección y hacer que todo se encamine.
De pesares y de oscuridades he acumulado sabiduría. La he pagado en lágrimas y voluntad. He ganado amigos, compañeros en este camino. He aprendido, y me he maravillado con la sincronía de este maravilloso universo en que vivimos.
Bueno. La novela de hoy llega a su fin. Se que es críptica, a la vez larga y poco desarrollada. La prosa está también algo “cruda”, pero es lo que sale.
La próxima entrada seguramente será más divertida y brillante
In perfect love and perfect trust,
El Mago
“No existe nada por lo que valga la pena hacerse mala sangre”
I know
Gracias!
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