¿Se acuerdan cuando, en la escuela primaria o en la secundaria (o para los modernos, EGB y Polimodal, o EGB, ESB, etc… ya perdí la cuenta
), en medio de las aburridísimas clases de castellano/lengua/literatura nos sometían a la tortura de meses y meses de análisis sintáctico?
Si, esa cosa de separar en sujeto y predicado, oración bimembre, objeto directo y el resto… para mediados de los 90 ya estaba medio pasado de moda, pero al menos en el hueco 1985-1994 fue claramente lo que más se enseñaba… desde sexto grado hasta que uno salía de la secundaria.
En teoría, el beneficio era ayudar a la comprensión de textos, y que uno supiera escribir. Que se yo… no se si realmente sirve para eso. Probablemente, de una forma medio complicada y tangencialmente, si. Yo se positivamente que le “agarré la mano” a esto de escribir cuando ya estaba fuera del colegio, pero también que toda esa mugre del análisis sintáctico me salía muy bien (tienen que entender… mentalidad técnica
).
Más de una vez, en esos momentos de pensamientos extraviados en los que uno reflexiona sobre cosas descolgadas me puse a pensar si realmente servía o si sólo daba como resultado la implantación de un método mecánico para analizar la forma y no el contenido.
Dos eventos en estos últimos tiempos me hicieron pensar un poco de nuevo sobre todo esto.
Otra vez en el mundo editorial.
El primero es que empecé a publicar una columna regular sobre astrología en una publicación por Internet, The Daily Spell (se publica simultáneamente en mi “blog esotérico”, Words of Magick). Mi experiencia en publicaciones más o menos formales fue mi corto paso por MP Ediciones en la revista PC Users, allá por los años 90. Y si bien uno podría decír que “corre por las venas” todo este tema periodístico (mi abuelo fue un periodista importante antes de que yo naciera), yo nunca me había propuesto seriamente escribir en ese estilo.
Sin embargo, encuentro que es una enorme satisfacción, un interesante desafío y me ayuda a “confirmar” que este camino de aprendizaje es el indicado para mi.
Escribir esta columna está resultando ser una experiencia muy enriquecedora. Por un lado está la responsabilidad de mantener la regularidad. Escribir un artículo de 900-1000 palabras por semana, en inglés americano, que se accesible para quien no sepa nada de astrología pero que no sea aburrido para los lectores que algo ya saben, y que de a poco vaya volviendo más aplicables a la vida diaria los conocimientos de este arte no es nada fácil.
Las criticas hasta ahora han sido positivas, y me hace sentir bien, pero bueno… hay que seguir trabajando
Lo que terminé notando, y que justifica traer este tema a colación en esta entrada, es que al “autoeditar” mis artículos previo a enviárselos a la editora de la publicación, me veo revisando la estructura sintáctica, la gramática, los tiempos verbales y “volviendo terrestre” mi estilo de inglés que es, por decirlo de una manera suave, intenso. La enorme influencia de Tolkien y de la literatura menos contemporánea (una buena parte de los textos esotéricos que he leído y consulto seguido están escritos en inglés Victoriano o un poco anterior). Quitar las voces pasivas, usar las preposiciones como se supone que se deben usar y asegurarme de no usar sujetos tácitos me tiene ocupado
“Planetas, signos y casas”.
La materia que empecé ayer en mi curso de astrología en el CABA (Módulo VI: “La Síntesis preliminar”), bajo la excelente guía de María Emilia Alcoba, una de las mejores docentes y astrólogas que he llegado a conocer, trata en gran medida de técnicas para interpretar los símbolos que corresponden a los tres niveles principales de análisis astrológico, los signos, los planetas y las casas.
Lo curioso es que la técnica a emplear principalmente consiste básicamente en usar como guía fórmulas sintácticas (construir frases donde los elementos sintácticos correspondan al planeta, signo y casa en cuestión). Lo loco es que es claramente el proceso inverso al análisis de oraciones simples. Las fórmulas dicen cosas tales como “Si la casa es el sustantivo, entonces el planeta es el adjetivo y la casa es un circunstancial de…”. E instantáneamente en mi cabeza me imaginé el renglón, las líneas que separan sujeto y predicado, y casa:nucleo del sujeto, etc.
Que impresionante el condicionamiento. Es como esas personas que no son religiosas, pero que fueron a colegio católico y aún saben el Padre Nuestro de memoria, o que pueden recitar el Preámbulo de la Constitución Nacional sin tomar aire ni perder una palabra. Pero junto a ese pensamiento vino la revelación de que util que es la técnica.
En esencia, lo que me están enseñando es un lenguaje diferente, un lenguaje que es en esencia simbólico a nivel abstracto, y se traduce en palabras . Esas fórmulas no son más que la interfaz entre lo que uno percibe del símbolo puro y las palabras que puede usar para explicarlo.
Que groso.
Si, es re groso. Cómo las líneas de causalidad se conjugan. Creo que la fiebre del análisis sintáctico en la educación básica pasó de moda a mediados de los 90. Que curioso haber tenido la suerte (si, ahora es una suerte, cuando lo tenía que estudiar seguro que no opinaba lo mismo) de pasar por el colegio en esos precisos años. Seguramente mi contribución posterior a la comunidad astrológica va a estar impregnada de este entendimiento técnico del vocabulario y el lenguaje… y seguramente será complementada y a su vez llevada más adelante por aquellos que vengan después de mi, que hayan tenido otra educación (uh oh… tiemblo por las generaciones que tuvieron la mala suerte de padecer lo peor del polimodal y la Ley de Educación del Emperador Carlos I de Anillaco).
En fin… quería dejarles sólo esta reflexión. Uno nunca sabe lo que el futuro le va a traer, más vale aprender todo lo que uno pueda aprender, que seguramente dará sus frutos
Saludos para todos/as!
Me hiciste reir….. lo mismo pensé yo el año pasado con griego….. después de años de negación tuve que rescatar el conocimiento de “NOSEDONDE” para poder traducir del griego al castellano… Buen descubrimiento, sr. Mago.
En cuanto a:
“y seguramente será complementada y a su vez llevada más adelante por aquellos que vengan después de mi, que hayan tenido otra educación (uh oh… tiemblo por las generaciones que tuvieron la mala suerte de padecer lo peor del polimodal y la Ley de Educación del Emperador Carlos I de Anillaco).” Si pueden llegar a hilar más de dos palabras…….. es mucha lengua para lo que he visto.
Besos
Jejeje gracias