Siempre que llovió paró, o al menos eso es lo que se supone. Lejos está mi vida de ser un apacible día soleado, o siquiera un cúmulo de suaves tormentas de verano… creo que ni el clima de Buenos Aires de estos días, con su humedad penetrante, lluvias repentinas y demás le haría justicia.
Hace casi un mes de mi última entrada, aunque parece casi un año para mi. En fin, reorganizarme me está tomando tiempo… y mucho más esfuerzo de lo que tenía previsto.
La pausa forzada “le dio tiempo” a todo lo que se estuvo acumulando a lo largo de estos meses para alcanzarme, así que aquí estoy… poniéndole el hombro a todo, de a una cosa por vez. Primero los medios de subsistencia: conservar mi relación con mi padre, resolver los problemas de trabajo, etc… y en segundo lugar mi vida personal y el estudio.
Esas últimas cosas son lo que más ha sufrido en este caos. Pero lo cierto es que no hay muchas otras opciones: es crucial para mi conservar mi trabajo en este momento, y eso implica poner lo que haga falta para mejorar la situación ahí. El exceso de presiones, sin embargo, tiene su precio… y no queda otra que tomarlo con calma.
Que le vamos a hacer… de vuelta al ruedo