Apreciar la belleza del momento presente

Posted by The Mage of the Many Shadows on febrero 21st, 2008 filed in Reflexiones

Un poco siguiendo la lógica de las entradas anteriores, una pequeña reflexión sobre cómo el presente a veces nos hace un regalo…

Vivimos a 10000 kilómetros por hora… trabajo, familia, salir, ir, volver, hacer y dejar de hacer… pareciera que si miramos acaso el ahora, lo hacemos para sufrir la ansiedad del futuro, o para recriminarnos el pasado.

Que se yo, la crisis me pone filosófico. Estos días me están dejando mucho para reflexionar.

En general, yo siempre fui una persona bastante introvertida, con mucha sensibilidad hacia mis propias emociones. Cómo también tengo una mente muy racional, lo que ocurre la mayor parte del tiempo es que esa introspección se traduce en un entendimiento profundo de mi vida interior. Y ojo que no es por mandarme la parte. Poder aceptar y entender que soy así me tomó años de terapia y de lágrimas.

Con el paso del tiempo extendí esa observación a mi entorno inmediáto… eso me hace, en general, muy consciente de la existencia del presente… es decir, del presente como un punto en el tiempo que es distinto del pasado, y que aún no es futuro. Es un infinitamente pequeño, pero a la vez, la conciencia lo puede volver infinitamente largo (como durante la meditación, por ejemplo).

El punto es que por más “preparado” y “advertido” que esté, no puedo huir de la vorágine de la vida mundana. La gente que me conoce personalmente seguramente puede identificar en mi esta dualidad: suelo ser muy tranquilo. Me gustan los silencios, me gusta observar. Me gusta charlar en paz y tranquilidad. Pero también puedo conservar un foco extraordinario de actividad, comprimiendo mil cosas para hacer en sólo una tarde. O entrando en una rutina peligrósamente ascelerada por tratar de cumplir tal o cual objetivo. Me suele pasar cuando tengo algún trabajo de programación, o cuando la política en el trabajo se vuelve demasiado asfixiante.

También me pasa en algunos momentos de crisis personal… sobre todo cuando hay familia involucrada. La principal diferencia es la forma en la que lo manifiesto: en vez de exteriorizar mi frustración y falta-de-entendimiento, me fuerzo a buscar la respuesta dentro mío, donde seguramente está. Lo que ocurre es que si no mantengo el nivel de “separación” del problema que necesito, no veo la solución aunque la tenga enfrente. Es como un loop infinito!

Y el ser humano es un ser de costumbres… de patrones. Ninguno de nosotros, ni siqueira los más caóticos individuos, puede escaparle a eso. Seguramente todos escuchamos el dicho popular “no apreciar lo que se tiene hasta que lo perdemos”. Esa idea es equivalente a decir que nuestra sensibilidad al contraste es más fuerte que nuestra habilidad de apreciar las “cosas” (cosas físicas, situaciones emocionales, sensaciones) de forma absoluta o independiente.

Incidentalmente, yo se positivamente que nuestros sentidos funcionan así: el ojo tiene más sensibilidad a los contrastes que al tono absoluto de color . El oído es mucho más sensible a los cambios de frecuencia y amplitud que a la frecuencia y amplitud específica de un sonido (salvo en aquellos afortunados con oído absoluto). Estimar la temperatura exacta de algo al tacto es mucho más difícil que decir cual de dos objetos está más caliente. Tiene sentido que el mismo patrón se aplique a nuestras otras formas de percepción.

Cuando algo me altera, pierdo ese contacto con el presente. Pierdo contacto con el aqui/ahora. El pasado empieza a pesarme, y el futuro a producirme ansiedad o incertidumbre (prometo escribir en otro momento por qué cuando a uno le molesta la incertidumbre sobre el futuro es un signo de que algo anda mal en el presente).

Hay momentos especiales, sin embargo, en los que “de golpe” recupero el centro. Recupero la habilidad de contactar el presente. En el día de ayer eso me pasó… y viene acompañado de un gran contraste, en el que de vuelta puedo contactar con esa parte mía que tiene las respuestas.

El día empezó con otro episodio doloroso de mi conflicto con mi padre. Pasó por una mañana sin pena ni gloria. La tarde me trajo las sorpresas. A veces es una mirada, una palabra. Algo infinitamente trivial. El momento presente recuperó su belleza.

Y la tarde vino mejor que la mañana. El atardecer me dejó la primera gran decisión: admitir que no puedo resolver mi problema con mi padre yo solo. Hora de volver a hacer terapia más seguido, y pedir la ayuda necesaria. Un llamado telefónico, and all set.

La noche era la noche del eclipse. Los eclipses son momentos de magia. Son momentos de cambio y grandes fuerzas en acción y en reposo. De por si, como fiel seguidor de Urania y como alguien que siempre estuvo fascinado y enamorado del cielo, espectáculos como ese siempre me llegan al alma.

Así que tenía semi planeado un elaborado ritual, con la completa parafernalia pagana. Llegué a casa y fui a ver los detalles de los horarios y tránsitos en la red, para armar el ritual. Y cuando me conecté encontré compañía… y buena compañía. De golpe, toda la parafernalia del ritual pierde sentido, porque la verdadera esencia, el verdadero objetivo del día era reconectarme… y declarar mi intención de hacer algo al respecto de todas las cosas que me vienen causando pesar y dolor.

Y conforme las palabras fluían, era exactamente eso lo que estaba logrando. Gracias :-)

Cuando finalmente me fui a instalar al jardín en medio de la noche, mi mente estaba clara y descansada. Mi propósito estaba firme.

El Universo me regaló varios momentos de signular belleza ayer: belleza para mirar, belleza para admirar… belleza para sentir. No puedo sentir más que agradecimiento.

Y estoy contento, realmente contento, por primera vez en muchos días. Gracias a la gente que conocí, gracias a recuperar la habilidad para apreciar la belleza y la gracia de un instante infinitamente pequeño, y a la vez infinitamente largo.

Y estoy realmente contento de haberte conocido ;-)

Que la Luz de las estrellas brille en nuestro camino!

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