¿Cuánta gente conocen que esté viviendo en paz consigo misma? ¿Cuánta gente conocen que esté realmente a gusto con su trabajo y con la dirección de su vida? ¿Cuánta que se sienta libre de definir su propio destino? ¿1? ¿2? ¿10? ¿Ninguna? Parece mentira, pero la respuesta no suele ser un número alto.
Como parte del “backslash” de mis experiencias en estos días, quiero explorar un poco este tema… ¿Les parece?
Lo que se espera de uno vs. lo que uno tiene para dar.
Tal vez en la raíz de mis problemas conmigo mismo está esta dualidad. Desde chiquito siempre fui Pablito “el inteligente”, el que siempre sabe. Y por el otro lado también siempre fui Pablo “el raro”, el que es medio antisocial, que no le gustan las muchedumbres, que prefiere salir a mirar el cielo, en vez de salir a bailar.
Y es medio complicado, cuando toda esa carga te llega cuando aún no estás capacitado para separarla de tu “verdadero yo”. Así que de chiquito nomás… desde la primaria o antes, yo ya tenía este tema en danza. Y si, señoras madres, trajo a colación horas de psicopedagoga y de psicóloga
Cuando llegué a la secundaria fue como vivir todo eso de vuelta, pero a una escala mayor. Y uno dice, ya estabas más grande, chabón… cómo puede ser que te haya afectado tanto. Pero el problema es que cuando uno mismo está “dentro” de la burbuja, poco puede saber de lo que pasa afuera.
Al despertar de la adolescencia vino la rebeldía, y el primer intento de tratar de sacudirse esa idea si no equivocada, al menos incompleta, que “el mundo” tenía de mi. Mi éxito no fue total, pero hice el intento al menos jejeje.
Lo loco es cómo el patrón se repite una y otra vez. Groso. Implacable. La proyección como única forma de identificación posible deja, casi sin lugar a dudas, una personalidad a la que le cuesta expresarse.
Tuvieron que pasar años… de vida, de experiencia, de terapia, de encontrar formas de expresarme que me sirvieran, para que empezara realmente a ganar la pulseada. Finalmente, puedo decir que vengo ganando, y que puedo reconocer el patrón de acción cuando lo veo.
Vivir por otros.
Vivir lo que otros quieren que vivamos simplemente nos hace dejar de lado nuestra propia esencia. Es negativo. Ataca la propia identidad y mina las bases de la estima personal. No importa si esos otros son amigos, padres, maestros, personajes del Gran Hermano… lo que sea. No importa tampoco mucho la intensión tampoco.
Vivir condicionado a las expectativas de los otros sólo nos hace olvidarnos a nosotros mismos.
Vivir por nosotros.
Cada uno de nosotros, cada criatura viviente de este maravilloso y bello Universo, tiene en su interior el potencial para crear su propio destino. Para actuar de acuerdo a su propia naturaleza. Los seres humanos no somos la excepción a esta generalidad.
Y si vos y yo podemos actuar de acuerdo a nuestra propia naturaleza, si tenemos dentro nuestro el potencial para “ser”… dejar de “ser” nosotros para ser los “reflejos de otro” medio que no es muy inteligente… y no solo no es muy inteligente, sino que no es muy sano.
Y esta, mis queridos amigos y amigas… es una idea mucho más profunda de lo que parece a simple vista. Tan profunda y fundamental que una vez que la entendemos realmente… la vida se vuelve completamente diferente.
“Elije tu propia aventura”
Tal como esos libros de los 80s en los que podías elegir diferentes finales, cada acción de nuestra vida es, en principio, libre de evolucionar como nosotros queramos. Está en nuestra actitud y en nuestras acciones el lograr ese objetivo (a diferencia de los libros que eran más fáciles jejeje).
No es trivial…
El condicionamiento de los otros es a veces tan grande, y tan permanente, que hasta es más “cómodo” dejarse llevar por él y perder noción de nuestra propia libertad.
Libertad y responsabilidad.
Lo que nos lleva a la noción de que si yo soy libre de elegir mi camino, entonces también soy responsable por él. Nadie más que yo. No le puedo echar la culpa a amigos, padres, maestros…. o personajes de Gran Hermano.
Muchas veces, cuando uno está atrapado en esos condicionamientos maquiavélicos que uno mismo permite que crezcan a su alrededor, se olvida de la enorme sensación de bienestar que viene junto con saber que uno puede seguir el camino que quiera. Cuando uno está en el fondo del pozo, y la luz ya no se ve… se siente tal vez así:

o así:

(y que molestamente descriptivas que son a veces las cartas de espadas!)
Cuando nos sentimos así… y por más que suene duro… tenemos que recordar: ESTAMOS EN UN INFIERNO CREADO POR NOSOTROS MISMOS. Nadie más.
Tomar el control.
En esos momentos es cuando la única solución posible es tomar el control. Recuperar el control. Por más que parezca imposible. Por más que no sepamos cómo… cualquier intento es mejor que dejarse caer en la desesperación. Cualquier intento es mejor que seguir con la inercia.
A mi, personalmente, me cuesta muchísimo… por mi forma de ser, por mi historia personal… me cuesta mucho “romper” con situaciones que empiezan cediendo un paso a la vez… y terminan llevándome a la desesperanza.
Entra en escena: el paganismo.
Uno podría suponer, que en un tipo tan racional como yo, con una educación técnica, en una familia casi agnóstica (en su momento al menos)… que la religión iba a quedar relegada a un lejano fondo en mi vida.
Hizo falta una de las crisis generales y personales más grandes de estos tiempos para que eso cambiara. Había empezado antes, obvio, porque estas cosas empiezan de a poco, pero finalmente en una tarde de Noviembre de 2001, mi vida tomó un giro completamente inesperado.
Casi como un salvavidas, y casi “por casualidad”, descubrí que lo que yo necesitaba, sentía y anhelaba ya existía, tenía nombre, y hasta podía encontrar “otra gente” que estaba en lo mismo. Así es como encontré al neo paganismo, y a la Wicca en particular.
Uno de los principales ideales de la Wicca es que sólo uno mismo es responsable de su destino. Para lograr que yo comprendiera el verdadero significado de esta idea, hizo falta que pasaran en mi vida suficientes terremotos como para que no quede ni una piedra de la artificiosa Torre de mis presunciones.

Personas “diferentes”.
Y esto me lleva, nuevamente, al tema central de esta entrada: ¿Cuál es el precio de decidir nuestro destino? ¿Por qué parece que algunos pueden y otros no?
Yo creo, sinceramente, que todos podemos. Es sólo que no nos damos cuenta. Estamos tan dormidos en nuestra complaciente sociedad… tan impregnados de esos mandatos sociales, familiares y personales… que rara vez nos damos cuenta de lo artificiales que son. De lo inconducentes que son.
Observen… busquen a su alrededor, y si tienen suerte, van a ver que algunas personas les van a “llamar la atención”. Hombres y mujeres a los que la vida les responde con oportunidades. Personas que tienen cierta seguridad, cierta paz que trasciende su edad, riqueza material y su nivel intelectual. Obsérvenlos actuar y van a ver que lo que toda esta gente tiene en común es que saben que su destino está en sus manos. Han perdido el miedo a decidir.
Algunas palabras finales.
Para concluir esta entrada me gustaría cerrar con una reflexión… bah, con un consejo…
Nunca dejes que otros te digan que no valés nada. Nunca dejes que otros te desestimen. Cada uno de nosotros es un ser único. Irrepetible. Valioso. Nunca lo olvidemos.
Nota: Todas las imágenes de Tarot son del Tarot de Rider-Waite-Smith. Han sido linkeadas desde http://www.sacred-texts.com, y pertenecen a una edición de dominio público (previa a la registrada por U.S. Game Systems Inc.).
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