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Luz y Sombra. Finales y comienzos.

Posted by The Mage of the Many Shadows on junio 4th, 2008 filed in Amor, Delirios, Familia, Magia y Misticismo, Reflexiones, Trabajo, Vida Social

Así como dicen que el parto sin dolor es un eufemismo, o al menos algo poco común, los cambios vitales también nacen (en general) de momentos de gran dolor.

Este cambio no es la excepción. Nace de un gran dolor. De una gran pérdida. Es como una larga noche sin sueños, de la que recién ahora puedo comenzar a despertar.

He vivido grandes cambios antes. He perdido y he sufrido antes. Soy un Mago. He aprendido que es en los momentos de cambio que crecemos y aprendemos. Pero rara vez he sentido una pérdida tan grande, casi como si el suelo bajo mis pies de golpe fuera cambiado por una textura completamente diferente.

Si bien aprecio el valor positivo del cambio, no soy de esas personas que cambian fácilmente. Hay una fijación casi monocromática en mi forma de ser. La secuencia de vivencias y aprendizaje de estos meses me dejó prácticamente en el fondo de un Abismo del que recién ahora empiezo a percibir bordes.

Dualidad.

Nada ocurre sin su opuesto. Para cada acción hay una reacción igual en magnitud y opuesta en sentido. Todo es dual… y sin embargo, los opuestos son idénticos en su naturaleza, aunque difieren en grado.

En los momentos previos a que se desatara el cambio, podía sentirlo en el aire. Los delgados hilos de la causalidad enmarañándose en un entramado de difícil solución que mostraba, por un lado, imágenes de sublime belleza, nobleza y sutil entendimiento; y por el otro el amargo y oscuro abismo de odio, de rencores y venganzas. En retrospectiva, la imagen era absolutamente clara desde mi perspectiva. Sueños, augurios y el mismo cielo, dominio de mi Diosa e inspiración, mostraban la misma futura realidad que terminó ocurriendo.

Tal vez gracias a Ella, gracias a esas intuiciones… y seguro gracias a las incontables horas de terapia y consejos sabios de personas a mi alrededor, es que hoy puedo estar acá sentado escribiendo en relativa paz, dando cuenta de la positividad de este momento tan oscuro de mi vida.

Si hay algo que caracteriza mis cambios profundos es esta dualidad. Este formato de “muerte y renacimiento” que tanto caracterizan el Arte Real y mi propia vida. Más de una vez desee que no fuera el caso, pero lo es. No puedo escapar de quién y cómo soy.

Es esta convicción la que me llevó a enfrentar la crisis con la cabeza en alto.

La Raíz del Fuego.

En el presente, tanto como en el pasado, ha habido magos y brujos itinerantes, que llevaban su consejo y su habilidad de pueblo en pueblo, sin sentir apego hacia ningún lugar en particular, disfrutando de la belleza del momento y del lugar en que estuviesen… yo no soy de esa clase.

Si bien disfruto de viajar, del movimiento, y obviamente de la belleza de cada rincón de la Madre Tierra, mi exceso de “fijeza” requiere de una base firme a la qué llamar hogar. Obviamente no es imprescindible. La verdadera naturaleza esencial, la raíz de la Llama Divina arde en nuestro interior, y no en los símbolos que usamos para dirigirla. Pero a su vez, esos símbolos, los patrones de comportamiento que los rodean y su significado personal claramente afectan mi habilidad para encontrar la paz interior que tanto necesito.

Otra cosa que sirve de base para mi identidad es cierto sentido de tradición… la memoria de el “de donde vengo”, del concepto de familia como una línea de pasado a futuro. En parte por eso es que mi vida casi siempre tuvo esa dependencia hacia lo familiar… aún con una familia tan disfuncional como la que tengo.

Supongo que esta tendencia en parte también influyó en que me gusten tanto los aspectos por ahí más “medievales” o “renacentistas” de mi camino espiritual adoptado.

La crisis que me lleva a escribir estas líneas, que sacudió mi vida, afectó profundamente mi percepción de los valores de la familia. Me forzó a cortar o al menos “estirar” lazos que en otro tiempo hubiera considerado indisolubles. Me dejó desplantado, con las raíces quebradas y sin fértil suelo dónde enraizar nuevamente. Objetivamente, esto es necesario… pero eso no quita el profundo dolor que la experiencia conlleva.

La Raíz de la Llama Divina, del Fuego Interior no está en un lugar, en las personas a nuestro alrededor ni en las herramientas y símbolos de nuestra vida y nuestro saber. Está en nuestro interior. En momentos de gran desesperación, de crisis, tendemos a olvidarlo. La buscamos afuera, cuando en realidad está dentro. Somos la materia y la energía del Cosmos hecha vida y consciencia.

Pérdidas.

Sin detenerme demasiado en esto, tratando de no despertar las nuevas Sombras que he adquirido, lo que perdí es básicamente mi relación con la mitad de mi familia.

Hasta el último segundo dejé la puerta abierta, sufrí y sacrifiqué para que haya esperanza de entendimiento. Pero no puede haber entendimiento hacia el otro si no lo hay hacia nosotros mismos. Y así se cerró un triste capítulo de la Historia de los Dotro, con posiblemente una nueva escisión. El instinto de autopreservación hizo su tardía aparición, y la puerta se cerró. El tiempo permitirá perdonar, al menos de mi parte, pero no podrá reparar la pérdida de ese mismo tiempo.

Perdí mi relación con el lugar físico en el que pasaron mis mejores años… de niñez y probablemente de vida adulta hasta ahora. Queda sólo el recuerdo. Ese si es brillante e imperecedero, imbuido como está del amor de quienes habitaron en ese lugar y supieron darme cobijo en cuerpo y espíritu.

Los símbolos y portentos habían advertido de esta posibilidad, y evidentemente no estuvo en mi la fuerza o la sabiduría para torcer esa línea.

No esperaba, sin embargo, la violencia, el odio… un odio y una rabia tan profundos… un rencor que llevará muchas vidas antes de sanar.

Un odio tal, que su sola existencia es Veneno para el Alma.

Nadie, ni quien lo engendra ni quien lo recibe, merece realmente sufrir una herida semejante. A mi visión se presenta como una oscuridad pútrida y caótica. Un remolino de Nada personificada que tiñe lo que toca de esa misma naturaleza. Resuena con la Sombra más profunda. Es aquello que se interpone entre nosotros y la trascendencia.

No esperaba recibir odio y rencor de quienes hasta ahora eran sólo observadores.

Renacimiento.

De los muchos futuros posibles, este es uno de los que se veían como el más pesimista… y sin embargo, es también el de un primer paso y de un renacimiento.

Luz y Sombra se tocan… y este período de gran pérdida trajo también gran fuerza, gestos de nobleza, belleza y amor. En otras épocas, tal vez menos preparado, hubiera quedado aislado de esta otra mitad… retrasando el renacimiento en el tiempo y espacio.

Esta vez, sin embargo, mi convicción previa sobre la naturaleza del conflicto me permitió no ceder nunca mi control… no perder la perspectiva más que lo humanamente entendible. No caer en el gris pesar de la depresión ni en la cómoda (y falsa) estabilidad de la pérdida. Uno debe tocar el fondo del Abismo. Uno debe beber toda la amarga copa de su infierno personal… pero de nada sirve “descansar” en esas profundidades. La curación sólo puede hallarse en el movimiento. La estabilidad interior nace del movimiento exterior.

El entramado causal de este momento en espacio y tiempo me puso enfrente a algunas personas sorprendentes. Encontré Luz y Belleza allí donde no esperaba. Encontré que uno puede amar, aunque no se tenga más que a si mismo para compartir.

Amigos que estuvieron ahí. Familiares que estuvieron ahí. Personas que conocí. Aquellos que no estuvieron no porque no quisieran. Cada uno en su esencia y medida fueron el soporte que me permitió entender y que, con el tiempo, me permitirá trascender este momento particular.

El amor en tiempos de Sombra.

Frente a una Oscuridad tan profundamente alienante, sólo hay un tipo de amor que puede “hacerle sombra”. No es el loco amor de la adolescencia, que quema con brillante llama todo lo que toca. No es la demandante vida de aquellos que temen perderlo todo en una caricia. No es la enferma cruzada del “está todo bien”, ni la mesiánica voz del “yo voy a sacarte de esta”.

Nadie puede sacarme de esta sino yo mismo. Es el amor que entiende esta verdad el que realmente construye el puente. Es el amor que nace desde dentro, de una raíz sólida. Que no exige. Que no limita sino que enriquece.

Cuando yo creí que este amor era casi imposible de encontrar… el Universo decidió mostrar uno de los ases en su manga y ponérmelo delante, a ver si me daba cuenta. Y en inspiradas noches ya con las nubes sobre la cabeza, me di cuenta.

Con la fuerza del fuego de la pasión y la persistencia que nace de la exquisita sutileza del fuego alquímico del entendimiento y la trascendencia, este amor es posiblemente lo más hermoso que me ha pasado en años de búsqueda. Que se haya presentado cuando el resto del mundo caía a mi alrededor como los ladrillos de La Torre no hace más que resaltar su significado.

Trasciende esta sombra en particular. Trasciende este espacio y este tiempo. Y por ello agradezco…

Los límites humanos.

Así como siento que he cambiado y evolucionado con los años. Así como tengo cierto orgullo al poder encontrar en esta pérdida su contracara… también tengo mis limitaciones… dolorosamente humanas. Imperfectamente personales y claramente presentes.

Una de mis imperfecciones, que está fuertemente ligada a cómo soy, es que necesito tiempo. Tengo que enfrentar los problemas con cierta soledad, y con cierto tiempo para “ordenarlos”, el caos realmente me desconcierta.

Cuando algo me sobrepasa, necesito aislamiento. Necesito ausencia de palabras. Necesito silencio. Necesito que nadie me pregunte “que me pasa”, “cómo estoy” o “hay algo nuevo”. El enorme cúmulo de gente que me rodea no comprende mucho este aspecto de mi personalidad. El círculo más interno sí lo hace… otra razón más para dar gracias.

Pero el efecto es que mi enfoque se torna completamente interior, y por largos días y semanas, todo el resto del mundo pierde mi atención. Buscarme es en vano. Recién voy a contestar cuando tenga algo para decir. Es curioso… yo lo vivo como un escudo que necesito levantar para que nadie perturbe el delicado orden que trato de crear en medio del caos. Casi es la misma filosofía que dicta que los actos de magia práctica se hagan dentro de un círculo consagrado: sólo cuando lo que construyo está firme puede salir.

Esta cualidad mía hace que a veces se vea como desamor, como desprecio hacia el interés de otros, o que el imponente silencio de mi no-respuesta sea exasperante.

Conforme voy venciendo la inercia, mis respuestas pueden no ser las más acertadas, ni venir demasiado rápido… pero, como se dice ahora “es lo que hay”. Con el tiempo fui aprendiendo a entender que esa necesidad mía de espacio es tan fundamental para mi como el resto de mi personalidad.

Así que una vez más, disculpas a quienes intentaron llegar a mi, y no lo lograron ;-) Tal vez con algunos años más de terapia mejore un poco…

El aquí y ahora.

Desgraciadamente, por obra del arriba mencionado odio y rencor de algunas personas, no tengo una residencia permanente. No tengo un teléfono permanente. Mi acceso a Internet tampoco es muy confiable.  Mi trabajo está en proceso de cambio, así que nada estable por ahí tampoco… tal parece que la lección a aprender es: cómo ser, sin estar atado a nada terrenal. Una consecuencia es que no soy fácil de encontrar. Si alguno lo está intentando, y no lo logra… ya voy a llegar. No es personal.

En medio del dolor de la pérdida, estoy viviendo la increíble bendición del amor. En medio de las peripecias de sobrevivir mes a mes, encuentro grados de libertad que no sabía que tenía. De a poco voy a ir volviendo. No es el mismo “yo” que se fue. Pero a la vez sí lo es.
Veremos lo que el tapiz del futuro tiene dibujado :-)

Pablo, El Mago de las Muchas Sombras.


One Response to “Luz y Sombra. Finales y comienzos.”

  1. laly Says:

    Nadie puede sacarme de esta sino yo mismo. Es el amor que entiende esta verdad el que realmente construye el puente. Es el amor que nace desde dentro, de una raíz sólida. Que no exige. Que no limita sino que enriquece.

    Eso me llegó mucho. Sé que vas a poder reordenar tu caos, y de la mejor manera posible.
    Desde acá, con mucho cariño te mando un abrazo.

    Saludos,
    Laurita.-

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