Adiós amiga
Posted by The Mage of the Many Shadows on December 21st, 2008 filed in Adios, Amigos, AngieEn perfecto amor y perfecta confianza,
pido a la Diosa acoja tu alma.
Otro adiós que no debería haber ocurrido. Otra vez la pérdida, el dolor… y la terrible sensación de esto no puede estar pasando.
Adiós, Angita… te encontraré otra vez, allì donde no hay Sombra.
Accidente.
En nuestra cultura tan particular, pareciera que accidentes son cosas que le pasan a otras personas. Pero no es así. La enfermedad de nuestra sociedad es tan generalizada, que no hay forma de protegerse realmente de “accidentes”. Uso las comillas, porque una cosa es un real accidente, un suceso desafortunado que se produce aún cuando uno toma todas las precauciones y sigue todas las reglas… que un “accidente” producto de ignorar esas mismas reglas que en teoría nos protegen a todos. Quisiera creer que la justicia hará Justicia en este caso, pero algo en mi lo duda.
El sábado 13 de Diciembre de 2008, entre las 5 y las 6 de la mañana, a la salida de la Estación Beccar del Ferrocarril, en la esquina de las avenidas Centenario y Juan B. Justo, en el Partido de San Isidrio en la Provincia de Buenos Aires, una maniobra descuidada de un conductor hirió de gravedad a una persona muy especial, Angie.
Era Angie (Angita, Anshus, o “Mandarina”) para todos, aunque su nombre de nacimiento era María de los Ángeles Campos. Tenía 23 años, estudiaba Terapia Ocupacional en la Universidad. Hacía (y enseñaba) Comedia Musical para niños, y nos regalaba líbremente y sin pedir nada a cambio alegrìa, consejos, colores y buen humor.
Vigilia y plegarias.
Yo me enteré del accidente esa misma mañana, casi a mediodía, por un mensaje de texto.
Angie había estudiado conmigo hace muchos años… allá cuando yo comenzaba a ganarme el título de Mago, y ella era todavía una adolescente. Hacía tiempo que no nos juntábamos… pero era de esas pocas personas por las que yo me juego a todo. No hay muchas.
En una hora estuve ahí… el Hospital ya era un hervidero con todos sus amigos… claro, una persona tan brillante, tan hermosa y tan activa logró cultivar la amistad de una cantidad importante de los amigos y amigas más fieles que he visto. Todos unidos por amor a ella. Todos y cada uno personas extraordinarias. Dispuestas ahí mismo a dar y hacer lo que hiciera falta por una amiga que nos necesitaba.
En un día de llantos y angustias, aprendimos que también podíamos reír y compartir. Que el mejor camino no era la desesperación sino el apoyo mutuo, el compañerismo…. al igual que ella se brindaba sin pedir nada a nosotros, podíamos compartir para devolverle en fuerza, energía y cariño lo que la medicina trataba fútilmente de reparar.
Fue una semana… una semana conociendo gente maravillosa. También tuvimos que lidiar con la incomprensión y la “aprensión” de los nativos de tan exclusivo paraje como San Isidro, pero bueno, allá ellos… yo prefiero recordar a los que vale la pena recordar. Los que dejamos todo, los que estuvimos presentes, los que estuvieron presentes en espíritu. Las “rondas” para enviarle energía a Angie, los plegarias, las anecdotas, las risas, las miradas de entendimiento. Los abrazos, las palabras.
Nos instalamos en el frente del Hospital, casi acampando en el diminuto verde que el paisajista gubernamental decidió dejar entre la entrada y el ala de consultorios externos, compartiendo espacio con el cajero automático a un lado, y las torres de los acondicionadores de aire al otro.
Compartimos visitas, los partes médicos, el calor y la escasa sombra. Aprendimos los unos de los otros. Pocas veces vi y sentí tanta energía en movimiento, tan enfocada… aún con gente que no tenía el adiestramiento necesario para tales trabajos, es energía que venía del amor, de lo mejor de cada uno… cedida en libertad y confianza. Estoy seguro que el alma de Angita, que ahora empieza un nuevo camino, nos sintió y pudo reconfortarse en nosotros, aliviando sus penas, disminuyendo su dolor.
Grandeza.
Dicen que la muerte engrandece al artista. Puede ser. Este no es el caso. Angie tendría su caracter. Tenía sus defectos, obvio, como todos nosotros. Pero a diferencia de muchos, ella podía iluminar el mundo con su alegría. Podía sacarte una sonrisa de la nada. Regalaba fuerza. Era, genuimnamente, una Hija de la Diosa, fuerte en su vínculo a la tierra, más ligera de pies para danzar y jugar con total abandono y placer.
Y uno piensa… tanta gente desagradable, que ha causado tanto dolor y penas sigue viviendo… mientras que una persona así, que regó felicidad por este Planeta, ve su vida truncada en un instante. Y me pregunto cuanta gente más podría haber sido tocada por su alma… cuando recuerdo que es mucha la gente que ya lo fue, que la vio, que tuvo amistad con ella, que se sintió bien por una palabra, por una sonrisa, por un acto, por un toque, por lo que sea que ella hacía que era tan mágico. El mundo es un lugar mas triste, más opaco, ahora que ella no está entre nosotros… pero sería mucho más opaco y triste si ella no hubiera estado nunca.
Siento el corazón herido, y mi alma llora la pérdida…. en una semana, mi ya trastocada vida dio otro vuelco que me deja nuevamente en el camino. Con los pies firmes, pero lamentando el precio pagado. Qué no daría por tenerla una vez más y poder juntarse sólo a tomar mate y delirar sobre la vida en Plaza Francia.
Ella ya no está, y sin embargo nos dejó su recuerdo. Nos dejó alegría. Nos dejó pasión. Compromiso. Nos dejó siendo personas más sabias que lo que éramos antes de conocerla. Nos dejó siendo almas más ligeras y claras.
Final.
En la madrugada del 20, casi una semana exacta luego del accidente, Angie nos dejó. Su cuerpo no soportó más el dolor y las heridas. Su alma finalmente se liberó para seguir su camino. Ya no está sufriendo. Está otra vez contenta en algún lugar…
A nosotros nos queda la tarea difícil. Aprender. Seguir. No perder la esperanza. Y recordar.
Donde quiera que estés, amiga… te quiero. Y te agradezco infinitamente, desde lo más profundo de mi alma, lo que me enseñaste y lo que me diste. En perfecto amor y en perfecta confianza, pido a la Diosa que te llame a su lado y que encuentres entre los tuyos lo que necesites para seguir tu camino.
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