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Límites interiores y exteriores.

Posted by The Mage of the Many Shadows on marzo 9th, 2009 filed in Reflexiones, Tarot

10 de Varas

¿Conocen el 10 de varas, en el Tarot de Rider-Waite, ilustrado por Pamela Smith? Les muestro:

10 de Varas (RWS)

10 de Varas (RWS)

El personaje central de esta carta es un hombre que lleva, con gran trabajo, 10 grandes varas, hacia alguna ciudad o pueblo que se ve de fondo, cruzando una amplia llanura solitaria.

Cuando empezó su camino, tenía sólo una o dos… le servían para hacer fuego, para apoyarse, para darle coscorrones en la cabeza a quienes lo molestaban, etc. Eran útiles. Una o dos… incluso tres o cuatro, está bien. Ahora diez… es como mucho. Esas 10 varas son pesadas.

El camino de este personaje representa el camino de la vida. Las varas, que representan la esencia del fuego interior cuando están “bien llevadas”, acá están profundamente desbalanceadas. Son una carga inusitada. En esta carta, representan las preocupaciones, los pesares, las proyecciones, los preconceptos… de los otros, que el otrora alegre personaje central terminó recogiendo de su camino, y “haciéndose cargo” por si mismo.

Lo que es peor… esta carta suele ser cíclica. Uno en un flash de revelación se libera de todo ese peso inútil, y luego, poco a poco, lo cambia por otro más pesado o igual.

En un razonamiento muy naif, podría decir que parece diseñada conmigo en mente. En realidad, es algo demasiado pretencioso. No soy el único con tendencias a parecer el 10 de varas en el mundo jejeje.

Pero es ciertamente curioso… cómo termino repitiendo el patrón… y cómo a veces termino no pudiendo escapar al camino sin salida que representa. Es que en realidad, ese diez viene de la mano con:

El 8 de Espadas.

¿Lo conocen? Del mismo mazo que el anterior, les presento:

El 8 de Espadas (RWS)

El 8 de Espadas (RWS)

Desagradable ¿no es cierto? La palabra clave que viene a la mente es “limitaciones”. Tantas que no se puede caminar. Tantas que no se puede ver. El otrora bullente río de la creatividad está casi seco, reducido a un riacho de segunda clase, casi un barrial desolado. La gran ciudad, gris y opaca, mira como con sorna desde la montaña.

Lo más curioso de esta carta es que las espadas no representan entes externos reales. Las espadas, el elemento Aire, representa nuestra mente… que tiene la molesta tendencia a tratar de justificarse a si misma encontrando razones… racionalizando las cosas más inverosímiles para hacerlas parecer naturales.

¿Ven a alguna otra persona en esa carta, salvo a la mujer vendada con el vestido descolorido? (by the way: el rojo es el color de la fuerza de voluntad… y acá está desteñido y poco dignificado). Apuesto plata que en su “juventud”, esta chica movía montañas… no es el caso ahora. Todas esas espadas no vinieron de otra persona. Y si bien pueden haber sido clavadas por otros, no fueron creadas por esos otros, ni fueron clavadas unilateralmente… nuestro personaje tuvo que permitir que le claven todas esas espadas alrededor.

Después de todos estos años de estudiar y de usar el Tarot. Después de cursos de psicología, incontables años de terapia. Después de 32 años de paciente auto-consciencia y observación interior. Los mismos “errores”.

Patrones repetitivos.

De alguna forma me las ingenié para permitir que la libertad parcial de la que gozaba, que el espacio personal tan cuidadosamente sostenido, se perdiera. Se convirtiera en una sombra más… en una imagen más del paraíso perdido.

Yo solía hablar con los dioses como iguales ¿saben? Pocas cosas se acercan a la majestad de esa sensación.

En el plano más mundano, yo solía tener claro mis objetivos. Sabía hacia donde me estaba llevando el sendero, porque era el que yo había conscientemente elegido.

Como el 8 de Espadas, permití que clavaran a mi alrededor límites. Cómo el 10 de Varas volví a condicionarme con todos esos reflejos, preconceptos, ideas y obligaciones  molestos (y ajenos!) que uno debería haber dejado atrás con la adolescencia.

Y ahora, cómo diría el GN de los Cielos: estoy fregado. No puedo tirar todas esas varas, desgarrar la venda y patear las espadas… por un lado porque no tengo donde caerme muerto, y por otro porque en buena medida no se exactamente cómo hacerlo sin causar más daño del necesario (y crean me, que eso es IMPORTANTE).

Reflexiones.

Por un lado me pregunto por qué es que no aprendo a no repetir este patrón. Debe ser una de las mayores causas de sufrimiento en mi vida.

La sensación de falta de opciones me asfixia… pero sólo llego a advertirlo cuando es tan severa que ya prácticamente no quedan caminos abiertos. Durante todo el viaje, mientras voy recogiendo varas y dejando que se claven espadas, mi mente me permite racionalizar todas y cada una de las decisiones.

Al haber perdido el feedback que eran los rituales periódicos, los esbats y los sabbats celebrados en armonía, me cuesta mucho más escuchar a mi yo superior. Causa una desconexión, que espiritualmente es un retroceso en el camino del autoconocimiento.

Finalmente, las restricciones son hasta físicas… ya no es posible celebrar, ni siquiera es posible vivir confortablemente… es más bien una serie de retrocesos y compromisos que terminan encerrándome en un universo cada vez más pequeño.

La verdad es que quisiera terminar esta entrada con algo positivo. Volver a intenter suena tan trillado.

Pero no se me ocurre… y tengo sueño… Voy a meditarlo, y tal vez algo se me ocurra.

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