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La pregunta de las Sombras: ¿Qué quieres?

Posted by The Mage of the Many Shadows on junio 13th, 2009 filed in Costumbres Paganas, Reflexiones

(artículo original en http://www.blog.elysium.com.ar/2009/06/13/shadowquestion )

Si pudiéras hacer lo que quieras… sin límites… ¿qué harías?  ¿Qué elegirías hacer? Es una pregunta mucho más profunda de lo que uno supone.

No debería, pero lo es.

Me sorprende.

He presenciado la preguta. La respuesta. Y después presencié como, al producirse lo que el “preguntado” había “deseado”, el resultado se convirtió en una crisis personal. Y no por el deseo humano que nos hace siempre querer más… querer mejorar. Sino porque la respuesta ante la pregunta no tenía más sentido que una aventura hipotética. No tenía nada de relación con un deseo real. Mucho menos con una necesidad real.

La conclusión es que realmente, muchos de nosotros, no sabemos lo que queremos. Nuestros objetivos están tan condicionados por “lo posible”, “lo que merezco”, etc. que nada podemos hacer para definir lo que realmente queremos.

Suena duro. Suena a generalización. ¿Lo es realmente? Piensenlo.

(advertencia a los esotéricamente inclindados: este texto está lleno de referencias veladas a conceptos más profundos que no he nombrado. Es a propósito. Ustedes lo saben. Yo lo se. No hace falta escribirlo.)

Potenciales y límites.

Soy de la opinión de que como el Loco, somos seres de potencial infinito. El “truco” está en convertir ese potencial en acciones.

Estamos rodeados de límites. Límites externos, límites internos, y límites que creemos externos pero que no son más que proyecciones de nuestro interior.

Esos límites restringen nuestra posibilidad de actuar. Muchos de ellos son inevitables. Pero hay algunos que no lo son. Hay una clase de límites muy amplia, que proviene de nosotros mismos… y que son perfectamente evitables.

Si yo te pregunto ahora mismo ¿qué te haría [más]feliz? ¿Qué querés?… ¿Qué respuesta me darías? No me cuentes, no hace falta. Pero observá tu respuesta… ¿por qué no estás haciendo eso que te haría más feliz? Listá las razones que te lo impiden.

El potencial infinito frente a la pregunta, y los limites que nos impone[mos] en la re-pregunta. De la lista de razones, analizá una por una: cuáles son externas realmente, cuáles de esas razones externas se basan en acciones del pasado, cuáles son internas… cuáles parecen externas, pero son en realidad internas.

No te mientas. Dale otra mirada a la lista.

Re preguntá: ¿te haría realmente [más] feliz? ¿O es sólo un hipotético caso para sacarte de encima una pregunta que es molesta?

Es más difícil de lo que parece ¿no?.

En el claroscuro del alma.

Lo peor es que hay muchas veces donde ni siquiera podemos decir qué es lo que queremos. A veces lo sabemos “interiormente”, pero no lo decimos. Actuamos como si no quisiéramos llegar ahí, y a la vez añoramos ese “destino”. Pero como no hacemos lo necesario para obtenerlo, no lo obtenemos.

Y no estamos hablando de personas marginales de la sociedad, sin educación, sin ambición o sin su propio historial de logros. Me sorprende que sea más prevalente en gente que en teoría, está “despierta” frente a este particular. Que incluso tienen una formación espiritual e intelectual bastante refinada.

Es como si frente a poder elegir entre lo que quiero y lo que me dan, elijo lo que me dan, porque siento que lo que quiero no lo merezco, o “ya va a llegar” o vaya uno a saber qué racionalización. Para ser franco, me hace perder un poco la paciencia cuando veo esto demasiado seguido. Y ni les cuento cuando lo veo en mí.

Si quiero salir, debería salir. Si quiero quedarme, debería quedarme. Si quiero no ir a algún lado, debería poder no ir. Ojo, también debería aceptar la responsabilidad por todos esos actos (o no-actos). Nada es realmente gratis ;-)

Cuando demasiadas veces condicionamos nuestro deseo, o más precisamente nuestra voluntad a esos intangibles sentimientos que nos menosprecian, es como si alrededor de nuestra alma (que es naturalmente pura, brillante y sincera), estuviéramos tejiendo un poncho de hollín. Una camisa de fuerza, que aprieta cada vez un poco más con cada concesión. ¿Por qué lo hacemos? ¿No es ridículo?

Instinto y raciocinio.

Los animales ( y los niños) tienen un modo muy saludable de expresar qué es lo que quieren. Simplemente lo piden, o lo consiguen. Son necesidades instintivas. Que van a lo inmediato.

Conforme crecemos, y somos educados, evolucionamos a poder fijar nuestros deseos, nuestros objetivos, en cosas que están más allá del presente.

Los deseos instintivos siguen ahí. Los deseos “racionales” (es decir, lo que pienso que quiero o que necesito) empiezan a tomar preponderancia. El alma racional subsume al alma animal. Es un momento crucial en nuestro desarrollo.

Lo lamentable es que muchos no pasamos de ese nivel.

Y que hay aún otro nivel. Hay necesidades que trascienden los aspectos racionales de la vida, que tienen que ver con el bienestar y la realización a un nivel mucho más elevado. Podríamos decir, a un nivel espiritual.

Estas necesidades son las que determinan nuestro nivel de evolución individual. Nuestro desarrollo a largo plazo, y en gran medida, nuestra felicidad real. No son fáciles de identificar.

La mente nos abre el camino, pero a la vez nos ciega de lo que realmente necesitamos. De nuestro deseo por algo que trasciende nuestra capacidad de explicarlo. Si no puedo justificarlo (por triplicado, con un análisis de costos, con perfectas y razonables explicaciones “objetivas”), entonces no es para mí. O es “innecesario” o “alocado” o vaya uno a saber qué otro calificativo des-calificativo.

Y ese, mis amigos y amigas, es el camino a la infelicidad. O al menos uno de tantos.

Condicionamientos extremos.

A veces la idea de que “no se puede/debe/se me permite/me lo merezco” es tan prevalente que ni siquiera podemos decirnos a nosotros mismos qué es lo que necesitamos. Qué es lo que queremos.  Cuál es nuestra voluntad. Ni siquiera le dejamos el lugar para expresarse.

La batalla empieza perdida, si empezamos por ahí.

Que grado de culpa sentimos, que no podemos siquiera decir qué es lo que queremos. ¿Nos llamarán egoístas, egocéntricos… nos tildarán de malas personas? Todo eso por no replegarnos dentro del enorme mar de incertidumbre y mansedumbre de la multitud… ¿Es que acaso la individualidad es el precio para poder vivir? No.

Me niego a caer en ese estado. Lo conozco íntimamente. Pero también se que es posible otra vida.

Haz tu voluntad…

Aquellos que practican Thelema, descendientes espirituales de Aleister Crowley dicen: “Haz tu Voluntad debe ser toda la Ley”. Básicamente se trata poner esta misma idea que estoy presentando, en un modo un poco más explícito y extremo (Ver Liber Al vel Legis sub figura CCXX, I:40).

En Wicca decimos “Si a nadie dañas, haz tu voluntad”. Un consejo más benévolo, pero enraizado en el mismo arbol de conocimientos.

La Voluntad Verdadera, es el deseo interno, marcado por una necesidad real, no por las necesidades ilusorias del momento. Quién ejerce su Voluntad Verdadera, está en la vía rápida de la autopista de la evolución.

Ni los Wiccanos ni los Thelemitas creemos en el pecado. Si creemos, en cambio, en la responsabilidad.

Faltar a nuestra voluntad es un acto que tiene una carga de responsabilidad. Si, sabiéndo qué necesito, no ejerzo mi fuerza de voluntad para lograrlo… estoy faltando a esa voluntad. Estoy traicionando mi esencia. Si creyéramos en el pecado, este sería uno de ellos.

No hay un “no puedo” cuando el deseo es una necesidad. No hay un “no puedo” cuando la Voluntad no es otra que la Verdadera Voluntad.

El Libre Albedrío y la cualidad humana.

A diferencia de los animales, nosotros podemos decidir. Podemos elegir hacer caso a nuestro llamado interior, o no hacerlo. En última instancia, eso pone a nuestra felicidad individual en nuestras propias manos.

Nos permite elegir: hago esto porque mi objetivo es tal.

Pero también nos abre la puerta a no elegir.

Nadie puede sacarnos de esa dualidad. Es parte de nuestra naturaleza. Es el Don de la Humanidad, si se quiere. Todo ser sintiente tiene esta habilidad.

La próxima vez que tengas la oportunidad de decidir qué querés hacer… qué vas a hacer?

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