Understanding is a three-edged sword (“El entendimiento es una espada de tres filos”)

Posted by The Mage of the Many Shadows on diciembre 19th, 2009 filed in Amigos, Citas, Crossposts, Entendimiento, Existenciales, Magia y Misticismo

(link al artículo original: http://www.blog.elysium.com.ar/2009/12/19/three-edged-sword/ )

La inspiración viene de lugares inimaginables. La inspiración para esta entrada es compleja. La frase del título es uno de mis aforismos preferidos de Babylon 5. En estos tiempos donde mi trabajo me fuerza a escribir, en general termino escribiendo poco para mi. Cuando lo hago, es porque algo notable ocurre, cuando noto un “patrón” en la realidad que vale la pena expresar en palabras.  Una forma de no perderlo, de no dejarlo atrás y cristalizarlo en algo accesible.

Hoy es uno de esos días. Lo que escribo hoy no es una idea acabada… es más bien un comienzo. Un atisbo de percepción de algo mucho mayor.

En parte es la época del año. Tengo una relación complicada y tormentosa con las fiestas cristianas. Pero más que eso… en estos últimos tiempos, he experimentado muchas emociones fuertes. Despertaron una parte de mi que estaba dormida. La Muerte tiende a hacer eso. Después de encontrármela en mi onomástico, y entre aniversarios y presentes… digamos que mi sensibilidad está un poco a flor de piel estos días.

Anyway… el otro lado de la moneda es que he comenzado a recuperar a mi yo más espiritual. Tanto por el aspecto ritual como por el contacto con esa parte mía. Y vuelvo a experimentar destellos del Destino. De aquel destino que quiero para mi.

Entendimiento.

Voy a intentar reducir a unas pocas palabras lo que quiero decir con “entendimiento” (“understanding”). Entender algo excede el conocimiento mecánico de ese algo. Implica un conocimiento interior. “Esotérico” en el estricto sentido de la palabra.  Para entender algo, no basta el intelecto. Tampoco basta la intuición. Lo que se requiere es una aproximación complementaria y holística.

Es entendimiento en un sentido que es más profundo que la palabra misma. Es, en cierta manera, binah. Aunque en un plano un poco menos exaltado (la presunción del Mago, usar como imagen una Sephira de la Triada Superna…). Tres. Presten atención a ese número.

Hemos entendido algo cuando ese algo se ha convertido en una parte esencial de nuestra totalidad. Cuando sus cualidades mentales, emocionales y mecánicas son sólo manifestaciones de lo esencial, y podemos conectar con esa esencia sin impedimentos.

Dualidad. Mundo interior y mundo exterior.

Todos tenemos un “mundo interior”. Ideas, sentimientos, imágenes… que no dejamos ver a los demás. Que son nuestras. Algunos tenemos este mundo interior y personal más “a mano” y desarrollado que otros. Pero es, me parece, una cualidad intrínseca del ser humano.

En el mundo interior se combinan la fantasía, los sueños que inspiran y modelan nuestras esperanzas, con la percepción de nuestro subconsciente… las imágenes y símbolos que por alguna causa nuestra racionalidad diaria decide no “encuadrar”, pero que contienen información y energía relevantes para nuestra vida.

Para algunas personas, este mundo interior no es más que una parte relegada de su vida. Para otros, es un espacio enorme, donde pueden refugiarse de la dureza de la vida… un refugio, o a veces un lugar al cual huir. Pero de forma ortogonal a estos dos, hay un tercer grupo de personas (alguien dijo tres?). Verán, el mundo interior no es completamente ilusorio. Contiene la visión complementaria del Universo que nuestro entendimiento racional ha ignorado. No es expresable directamente en palabras. Es un mundo de símbolos.

Si la fantasía y los sueños se complementan con la percepción en la medida exacta, entonces el mundo interior adquiere una cualidad trascendental. Se convierte en el punto de partida para la “imaginación mágica”. Se convierte a la vez en combustible para crear el cambio, y en el medio para crearlo.

Para muchos de nosotros, nuestra relación con nuestro mundo interior es crucial para nuestra sanidad mental, para nuestro modo de vida y para nuestra realización personal. Conscientemente. Si.

El “mundo exterior”, por otro lado… es el mundo tangible y físico. Pero también es el mundo de las ideas mediadas por el raciocinio. Es el mundo de las responsabilidades, del trabajo, de la familia, del estudio… pero también es la belleza de la naturaleza, el cielo estrellado en una noche fría alrededor del fuego, el compartir con amigos o con el ser amado. Es todo lo que no es estrictamente nuestro. La frontera es clara en algunos lugares. No tanto en otros.

Nuestra percepción del mundo exterior es consciente. Está mediada por el Ego. Es en gran medida racional. Es objetiva. Es tangible y medible.

Un Punto. Una línea.

El punto es una unidad geométrica fundamental. Es adimensional. Es infinitamente pequeño, pero no puede definirse por si mismo. El punto es un elemento de potencial infinito.  Una ventana al “caos primigenio”. Sabían que la palabra griega de la que desciende nuestro “caos” significa “abertura”? Interesante.

Dos puntos definen una línea recta. Un conjunto de puntos unidimensional alineado de cierta forma. Es una representación del orden. La línea es infinita, pero a la vez limitada. Un punto puede evolucionar hacia cualquier estado… una línea, sin embargo, ya tiene una dirección de desarrollo clara.

La chispa de inspiración genera el precursor de una idea. Es un punto. Pero tan pronto como observamos ese punto, podemos entender y definir su opuesto… es otro punto, una suerte de imagen especular. Y tenemos una línea. Como una arteria, por esta línea circula la energía creativa de la chispa. Va y viene. Es dual. Existe en dos estados y entre dos estados.

Triángulos y planos.

La dualidad, sin embargo, no deja verdadero lugar a la manifestación. Si tenemos una idea, y su opuesto… y nos la pasamos sopesando las virtudes de cada uno de esos extremos, nada terminará ocurriendo, y la idea quedará inmanifiesta.

La idea es una imagen de la realidad. Sea la realidad existente, o sea la realidad potencial que aún no existe… las ideas son modelos y conceptos que la reflejan. Esto significa que, a un nivel profundo, más allá de la idea principal y su opuesto, existe una realidad subyacente. Y si la representamos con un tercer punto, ya no tenemos una línea: tenemos un triángulo, y hemos definido un plano.

El plano es una estructura bidimensional. Infinita, como las otras dos, pero a su vez restringida, como la línea. Tenemos ahora una especie de trinidad: una idea, su reflejo… y la realidad, la esencia  en medio.

El entendimiento es una espada de tres filos.

La interpretación literal: en cada situación está mi punto de vista. Tu punto de vista… y la realidad. Es una imagen impactante. Mi realidad, tu realidad… pueden ser diferentes. La “realidad real” está en medio, es el tercer filo de esta espada… y está fuera de nuestro alcance. Trasciende la individualidad de las ideas. Aún a un nivel microscópico y subatómico el Universo parece viciado de subjetividad. El determinismo físico es una utopía.

Heisenberg, Einstein, Schrödinger y compañía se ocuparon del tema muy eficientemente. Y sin embargo,el hecho de que existan diferentes puntos de vista parece sugerir (o por lo menos no excluir), que estos puntos de vista sean una proyección de una realidad intrínseca.

En última instancia, los Magos aún creemos en la causalidad como un elemento fundamental. Esto lleva, naturalmente, a la idea de que existe una realidad que es independiente del observador. Lo que hemos aprendido es, sin embargo, que la mera existencia del observador hace a esa realidad incognoscible.

Dos mundos, una realidad.

Nuestro mundo interior y nuestro mundo exterior son dos polos en una dualidad. El Universo trascendente, la verdad, está en el tercer punto. Si bien es imposible para nosotros comprenderla como tal, el camino para hacerlo es el entendimiento. Es el primer paso. Entender implica ponernos a nosotros (a la vez observador y creador) en un punto intermedio, sintético, entre los dos mundos. Sólo así estamos más cerca de experimentar la realidad trascendente. Sólo así somos capaces de evitar ser víctimas del reflejo entre afuera y adentro, y comenzar a ser nosotros.

Y al revés: cuando dejamos se ser “víctimas” de la dualidad, encontramos nuestro propio camino: dejamos de reaccionar para poder actuar. Dejamos de estar adormecidos… podemos definir nuestro Destino. Al encontrar el apoyo firme en el mundo real, podemos sintetizar nuestros dos mundos. Podemos transmutar nuestra percepción en acción. Tal como El Mago está entre el Cielo y la Tierra en el Tarot, nosotros podemos estar entre ambos mundos. Combinando. Transmutando. Entendiendo. Eso nos permite crear, definir, avanzar. Nos lleva a un potencial de creatividad infinita. Nos pone en contacto con nuestra esencia. La famosa “chispa divina” se hace manifiesta.

La elección.

Es claro que de poder elegir, uno trata de elegir la realización personal. El ser el arquitecto de su propio destino. Y muchas veces, en muchos niveles uno es consciente de lo que necesita para llevarlo adelante. Si la devoción a ese ideal es sincera, y uno se atreve a atravesar el Abismo, es posible encontrarse a uno mismo en la posición de El Mago. Una sensación inigualable de pertenencia, de maravilla, de conexión con el Todo… y a la vez la habilidad de manifestar nuestro potencial.

No es un camino sencillo. Y es tan fácil perder ese estado de “gracia” particular. Sobre todo, si hemos sido condicionados desde nuestra juventud a no aceptar la felicidad y la realización personal como un fin en si mismo… si no hemos podido vivirlas sin culpa. Si nuestro yo no es lo suficientemente fuerte como para aceptar su destino y su lugar en el Universo como una parte esencial del mismo.

Cuando caemos de ese estado, es una sensación de dolor y pérdida. El recuerdo del paraíso perdido es una de los arquetipos repetidos en casi todas las historias fundacionales de nuestra especie. La caída personal es un reflejo menor de ese mismo arquetipo.

Pero como tal… es una ilusión. La verdad sigue ahí. Nuestro potencial sigue ahí. Es sólo que a veces no podemos verlo. Nos cegamos. Nos perdemos. Y buscamos refugio en uno u otro mundo.

Los pies en la tierra, la sien en el cielo.

Una vez leí… que el modo del verdadero místico no es el del ermitaño que se aísla del mundo, sino que debe tener los pies bien enraizados en la tierra, en lo real, y sólo así puede tener la sien en el cielo, en el mundo espiritual. Debe poder llevar a sus hermanos por ese camino con el ejemplo. (era un texto sobre misticismo hebreo, y se refería de esa manera al arquetipo del cabalista ideal, práctico y a la vez espiritual).

Existe peligro en ambos extremos, en ambos mundos (materialismo y pesimismo por un lado, delirio místico e irrealidad por el otro, por nombrar algunos). El sendero del medio es angosto, pero su recompensa es incalculable.

Síntesis.

Creo que esa es la palabra para el momento. Una forma de unificación. Una forma de transmutación. Entendimiento. La espada de tres filos, que como alguien dijo hoy… es increíblemente difícil de forjar.

De alguna forma, yo descubrí hace un tiempo cuál es esa síntesis para mi. Tuve la suerte de lograr, por un corto tiempo, alcanzar la síntesis. Luego vino la caída. Recién ahora está llegando parte del Entendimiento. Es momento de otros cambios.

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