El estado de gracia

Posted by The Mage of the Many Shadows on mayo 11th, 2010 filed in Alquimia, Existenciales, Magia y Misticismo, Reflexiones

(Link al artículo original: http://www.blog.elysium.com.ar/2010/05/11/el-estado-de-gracia/ )

Hace rato que no tengo el tiempo de escribir, o la paz necesaria para ello. Pero bueno, este es un fruto de una noche de insomnio parcial, y un día de batalla antiviral, así que aquí va.

Últimamente, y por diversos motivos que la verdad que prefiero no volver a tocar, me he vuelto dolorosamente consciente de la diferencia entre mi “yo actual” y mi “yo” de hace algunos años atrás. Una especie de involución o repliegue no demasiado agradable.

Dejando de lado las diferencias coyunturales, hay una diferencia cualitativa en mi experiencia de vida en los últimos dos años y algunos meses, y el período inmediatamente anterior.

La pérdida de independencia y espacio personal dieron lugar, como consecuencia, a una especie de “Caída”, en el sentido mágico-cabalístico del término. Pero ¿caída desde dónde? ¿Cuál es la naturaleza de este cambio? Vamos a ver si puedo condensar esta reflexión en algo que no sea tan largo que todos se aburran leyendo jejeje.

Dos estados.

Hace unos años atrás estaba económicamente tan ajustado como ahora. Tenía diversos problemas familiares a los que atender, casi tantos como ahora (no son los mismos, fueron cambiando). Mi trabajo estaba tan bien como ahora, con el mismo grado de seguridad.

La diferencia fundamental es que después de largos años, había logrado (reconozco que por medios que no eran sustentables) establecer un espacio para mi mismo. Habiendo llegado a esta situación luego de pérdidas emocionales y personales muy dolorosas, la necesidad de curación me llevó a un nivel de exploración e introspección que floreció interiormente.

El estudio largamente intelectual de la magia y de mi religión de pronto se volvió algo tangible y visible. Una experiencia diaria. Intensa. Profunda. Amaneceres, atardeceres, noches y días en los que llegué a sentir una unidad con mi entorno que nunca antes había podido lograr. Esto dio lugar a mi dedicación formal, y al comienzo de un camino de crecimiento complejo y dinámico. La práctica estructurada de Esbats y Sabbats, experiencias compartidas entre amigos, grandes espacios de silencio para la reflexión y contemplación… y todo ello mientras trabajaba y estudiaba, sin dejar nada de lado, sin volverme un ermitaño (al menos desde mi punto de vista!).  Por primera vez en muchos años, la senda de mi vida estaba bien clara. Había en mi una sensación de unidad con mi yo superior que trascendía el momento y me dio, mientras pude sostenerla, una visión muy clara sobre mi mismo, sobre la vida… y me permitió ayudar a quienes en su momento me necesitaron.

Ese estado particular es sutil… vamos a llamarlo “estado de gracia”. No es el mejor de los adjetivos, pero creo que es bastante descriptivo. No es que las bendiciones de algún olvidado dios me concedieran esa gracia, sino que representa el estado de armonía interior que por si misma se manifiesta en el macrocosmos de la vida diaria (“así como es arriba, es abajo” es también “así como es en el interior, es en el exterior”). Las circunstancias externas ayudan, pero no son causa de este estado. Es más bien la sinergia de un tiempo, lugar y un estado espiritual específico lo que permite su existencia.

De más está decir (sobre todo para los que tienen un contacto personal con mi vida) que este estado de gracia no pudo sobrevivir a la pérdida de espacio, a las heridas profundas del pasado reciente, y a mi actual estado de limitación.

No sólo dentro nuestro.

Quienes tenemos cierta dedicación al aspecto espiritual de nuestras vidas solemos decir que el secreto del bienestar espiritual no está en herramientas, rituales o religiones. Está en el interior de cada uno de nosotros. Reside en la chispa divina que nos anima y que nos hace parte del Universo.

Estoy completamente de acuerdo. Pero… no es tan simple en la práctica. El estado de conciencia espiritual necesario para tomar ventaja de esa independencia de las circunstancias temporales y materiales de la vida requiere de un nivel de evolución y de claridad que resultan difíciles de alcanzar. Muchas veces, la paz y tranquilidad que harían más fáciles llegar a ellos es negada por las “circunstancias temporales”. El camino del mago moderno es infinitamente más difícil que el de ermitaños y ascetas del pasado, que podían darse el lujo de excluirse del mundo material.

Al igual que los cabalistas prácticos, el camino lleva a ascender hacia las alturas de lo espiritual sin dejar de tener los pies firmemente apoyados sobre la tierra, las manos ocupadas en las tareas diarias de nuestra vida y nuestra comunidad. Descuidar cualquiera de los dos extremos lleva al dolor y a la perdición. Por no mencionar que nadie nos va a mantener si no lo hacemos por nosotros mismos ;-)

Así como la magia práctica no es sustituto para la acción en el mundo real por medios propios del mismo, el estado de exaltación espiritual requiere de una dedicación al entorno temporal y material que genere el terreno firme y fértil para que el alma florezca en gloria y esplendor. Cómo en todas las cosas, debe existir un balance. Simetría.

Acción o reacción.

La diferencia fundamental entre estar en control de uno mismo, en verdadero conocimiento del ser y en comunión con el yo superior se manifiesta en la habilidad para la acción. Si entendemos nuestro lugar en el mundo y lo ocupamos conscientemente, entonces somos libres de ejercer nuestra voluntad en forma completa y armónica. No hay obstáculos. Podemos actuar de acuerdo a ella. Aun en tiempos bíblicos se decía que el conocimiento de la verdad nos haría libres (Juan 8:32, por ejemplo). Esta es la base de la gnosis. Es la piedra fundamental del crecimiento. Estamos despiertos… somos conscientes.

En casi cualquier otro estado, sin embargo, estamos “condenados” a la reacción, a no ser los originarios del movimiento sino a reaccionar ante estímulos. Saltando “de crisis en crisis”, olvidamos que somos dueños de nuestro destino. Artífices de nuestro futuro. “Lo urgente tapa lo importante”.

La diferencia entre ser capaces de actuar conscientemente y estar limitados a acciones triviales y reacciones no tan triviales es, desde mi entendimiento, una de las claves que reflejan el estado de bienestar espiritual (y general) de una persona. “Haz lo que quieras mientras a nadie dañes” requiere de un estado de libertad de acción y de consciencia que trasciende la interpretación literal de dichas palabras.

La Caída.

En mi caso la caída del estado de “gracia” tiene una serie de disparadores condensados en un my estrecho período de tiempo hace alrededor de dos años. El dolor de muchos de esos eventos aún me visita por las noches, recordándome el peso de heridas abiertas que difícilmente sanen.

La consecuencia mundana más importante se centra en una pérdida de espacio personal, de libertad y de individualidad enormes. Sumada a la coyuntura económica que no ayuda, da lugar a una especie de situación sin retorno a nivel material: recuperar la independencia requiere recursos materiales que no tengo, pero que estaría más cerca de tener si tuviera esa independencia que estoy buscando. Hasta ahora mis intentos no han tenido éxito.

La llama del conocimiento puede preservarse por cierto tiempo. Interiormente uno puede preservar cierta percepción propia del estado de gracia. La magia proviene, en última instancia, del estado interior del mago y no de sus herramientas.

¿Pero qué hacer cuando el recuerdo se extraña tanto que duele? ¿Cuando la esperanza en si desaparece, sepultada bajo la insensibilidad cruel de otros que están tan dormidos que no pueden siquiera notar el daño que hacen? ¿Dónde está la fuerza de voluntad necesaria para trascender todo esto y empezar de nuevo? Qué hacer frente a una muerte interior… “más grande que la muerte de la carne es la muerte de la esperanza, de los sueños”.

El sendero.

El sendero de nuestra vida está debajo de nuestros piés, aunque no podamos verlo. Eso significa que es posible salir de este estado de autilimitación y recuperar el centro de gravedad. Una parte de mi me dice que es posible.

El problema es que el resto desespera porque no encuentra como. Y mientras tanto, los días pasan, los tiempos se pierden. Los meses pasan sin que pueda registrar siquiera el mínimo cambio positivo.

Y aún así… se que la semilla de la luz yace aún en lo más profundo de la oscuridad. Recuerdo cómo el fuego se enciende aún en medio de la noche. Extraño poder prenderlo. Extraño ese silencio que no demanda.

Pasé varias horas, mientras pensaba en este texto, buscando respuestas. Y la respuesta a las preguntas de la sección anterior está en la habilidad de transmutar. La transmutación es el proceso alquímico que permite transformar lo bajo e “inservible” en el oro refinado de los filósofos. La semilla de la luz en medio de la oscuridad.

La vida, mi vida, es la materia prima (aclaro, estoy parafraseando, que ningún aprendiz de Harry Potter moderno tome estos párrafos como una instrucción seria en el Ars Royal). El fuego alquímico que debe mediar la transformación debe venir del interior, pero como todo proceso, debe tener un correlato en el exterior. Es un proceso lento y delicado. Tiene que empezar por expresar la voluntad de un cambio, y comenzar a instrumentarlo. Luego vendrá el trabajo, lento, silencioso… la transmutación no ocurre si todos estamos mirando. No ocurre rápidamente. ¿Será posible?

Tal vez sea el momento de intentarlo, de un “salto de fe”. So mote it be.

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