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	<title>The Way of the Wysard &#187; disfrutar</title>
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	<description>El diario de un viaje que no termina nunca</description>
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		<title>La pregunta de las Sombras: ¿Qué quieres?</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jun 2009 22:52:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>The Mage of the Many Shadows</dc:creator>
				<category><![CDATA[Costumbres Paganas]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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		<description><![CDATA[(artículo original en http://www.blog.elysium.com.ar/2009/06/13/shadowquestion ) Si pudiéras hacer lo que quieras&#8230; sin límites&#8230; ¿qué harías?  ¿Qué elegirías hacer? Es una pregunta mucho más profunda de lo que uno supone. No debería, pero lo es. Me sorprende. He presenciado la preguta. &#8230; <a href="http://www.blog.elysium.com.ar/2009/06/13/shadowquestion/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(artículo original en <a title="La pregunta de las Sombras... en The Wysard's Way." href="http://www.blog.elysium.com.ar/2009/06/13/shadowquestion" target="_blank">http://www.blog.elysium.com.ar/2009/06/13/shadowquestion</a> )</p>
<p>Si pudiéras hacer lo que quieras&#8230; sin límites&#8230; ¿qué harías?  ¿Qué elegirías hacer? Es una pregunta mucho más profunda de lo que uno supone.</p>
<p>No debería, pero lo es.</p>
<p>Me sorprende.</p>
<p>He presenciado la preguta. La respuesta. Y después presencié como, al producirse lo que el &#8220;preguntado&#8221; había &#8220;deseado&#8221;, el resultado se convirtió en una crisis personal. Y no por el deseo humano que nos hace siempre querer más&#8230; querer mejorar. Sino porque la respuesta ante la pregunta no tenía más sentido que una aventura hipotética. No tenía nada de relación con un deseo real. Mucho menos con una <em>necesidad </em>real.</p>
<p>La conclusión es que realmente, muchos de nosotros, no sabemos lo que queremos. Nuestros objetivos están tan condicionados por &#8220;lo posible&#8221;, &#8220;lo que merezco&#8221;, etc. que nada podemos hacer para definir lo que realmente queremos.</p>
<p>Suena duro. Suena a generalización. ¿Lo es realmente? Piensenlo.</p>
<p>(advertencia a los esotéricamente inclindados: este texto está lleno de referencias veladas a conceptos más profundos que no he nombrado. Es a propósito. Ustedes lo saben. Yo lo se. No hace falta escribirlo.)</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Potenciales y límites. </strong></span></p>
<p>Soy de la opinión de que como el Loco, somos seres de potencial infinito. El &#8220;truco&#8221; está en convertir ese potencial en acciones.</p>
<p>Estamos rodeados de límites. Límites externos, límites internos, y límites que creemos externos pero que no son más que proyecciones de nuestro interior.</p>
<p>Esos límites restringen nuestra posibilidad de actuar. Muchos de ellos son inevitables. Pero hay algunos que no lo son. Hay una clase de límites muy amplia, que proviene de nosotros mismos&#8230; y que son perfectamente evitables.</p>
<p>Si yo te pregunto ahora mismo ¿qué te haría [más]feliz? ¿Qué querés?&#8230; ¿Qué respuesta me darías? No me cuentes, no hace falta. Pero observá tu respuesta&#8230; ¿por qué no estás haciendo eso que te haría más feliz? Listá las razones que te lo impiden.</p>
<p>El potencial infinito frente a la pregunta, y los limites que nos impone[mos] en la re-pregunta. De la lista de razones, analizá una por una: cuáles son externas realmente, cuáles de esas razones externas se basan en acciones del pasado, cuáles son internas&#8230; cuáles parecen externas, pero son en realidad internas.</p>
<p>No te mientas. Dale otra mirada a la lista.</p>
<p>Re preguntá: ¿te haría realmente [más] feliz? ¿O es sólo un hipotético caso para sacarte de encima una pregunta que es molesta?</p>
<p>Es más difícil de lo que parece ¿no?.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>En el claroscuro del alma. </strong></span></p>
<p>Lo peor es que hay muchas veces donde ni siquiera podemos decir qué es lo que queremos. A veces lo sabemos &#8220;interiormente&#8221;, pero no lo decimos. Actuamos como si no quisiéramos llegar ahí, y a la vez añoramos ese &#8220;destino&#8221;. Pero como no hacemos lo necesario para obtenerlo, no lo obtenemos.</p>
<p>Y no estamos hablando de personas marginales de la sociedad, sin educación, sin ambición o sin su propio historial de logros. Me sorprende que sea más prevalente en gente que en teoría, está &#8220;despierta&#8221; frente a este particular. Que incluso tienen una formación espiritual e intelectual bastante refinada.</p>
<p>Es como si frente a poder elegir entre lo que quiero y lo que me dan, elijo lo que me dan, porque siento que lo que quiero no lo merezco, o &#8220;ya va a llegar&#8221; o vaya uno a saber qué racionalización. Para ser franco, me hace perder un poco la paciencia cuando veo esto demasiado seguido. Y ni les cuento cuando lo veo en mí.</p>
<p>Si quiero salir, debería salir. Si quiero quedarme, debería quedarme. Si quiero no ir a algún lado, debería poder no ir. Ojo, también debería aceptar la responsabilidad por todos esos actos (o no-actos). Nada es realmente gratis <img src='http://www.blog.elysium.com.ar/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Cuando demasiadas veces condicionamos nuestro deseo, o más precisamente nuestra <em>voluntad</em> a esos intangibles sentimientos que nos menosprecian, es como si alrededor de nuestra alma (que es naturalmente pura, brillante y sincera), estuviéramos tejiendo un poncho de hollín. Una camisa de fuerza, que aprieta cada vez un poco más con cada concesión. ¿Por qué lo hacemos? ¿No es ridículo?</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Instinto y raciocinio. </strong></span></p>
<p>Los animales ( y los niños) tienen un modo muy saludable de expresar qué es lo que quieren. Simplemente lo piden, o lo consiguen. Son necesidades instintivas. Que van a lo inmediato.</p>
<p>Conforme crecemos, y somos educados, evolucionamos a poder fijar nuestros deseos, nuestros objetivos, en cosas que están más allá del presente.</p>
<p>Los deseos instintivos siguen ahí. Los deseos &#8220;racionales&#8221; (es decir, lo que pienso que quiero o que necesito) empiezan a tomar preponderancia. El alma racional subsume al alma animal. Es un momento crucial en nuestro desarrollo.</p>
<p>Lo lamentable es que muchos no pasamos de ese nivel.</p>
<p>Y que hay aún otro nivel. Hay necesidades que trascienden los aspectos racionales de la vida, que tienen que ver con el bienestar y la realización a un nivel mucho más elevado. Podríamos decir, a un nivel espiritual.</p>
<p>Estas necesidades son las que determinan nuestro nivel de evolución individual. Nuestro desarrollo a largo plazo, y en gran medida, nuestra felicidad real. No son fáciles de identificar.</p>
<p>La mente nos abre el camino, pero a la vez nos ciega de lo que realmente necesitamos. De nuestro deseo por algo que trasciende nuestra capacidad de explicarlo. Si no puedo justificarlo (por triplicado, con un análisis de costos, con perfectas y razonables explicaciones &#8220;objetivas&#8221;), entonces no es para mí. O es &#8220;innecesario&#8221; o &#8220;alocado&#8221; o vaya uno a saber qué otro calificativo des-calificativo.</p>
<p>Y ese, mis amigos y amigas, es el camino a la infelicidad. O al menos uno de tantos.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Condicionamientos extremos. </strong></span></p>
<p>A veces la idea de que &#8220;no se puede/debe/se me permite/me lo merezco&#8221; es tan prevalente que ni siquiera podemos decirnos a nosotros mismos qué es lo que necesitamos. Qué es lo que queremos.  Cuál es nuestra voluntad. Ni siquiera le dejamos el lugar para expresarse.</p>
<p>La batalla empieza perdida, si empezamos por ahí.</p>
<p>Que grado de culpa sentimos, que no podemos siquiera decir qué es lo que queremos. ¿Nos llamarán egoístas, egocéntricos&#8230; nos tildarán de malas personas? Todo eso por no replegarnos dentro del enorme mar de incertidumbre y mansedumbre de la multitud&#8230; ¿Es que acaso la individualidad es el precio para poder vivir? No.</p>
<p>Me niego a caer en ese estado. Lo conozco íntimamente. Pero también se que es posible otra vida.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>Haz tu voluntad&#8230; </strong></span></p>
<p>Aquellos que practican Thelema, descendientes espirituales de Aleister Crowley dicen: &#8220;Haz tu Voluntad debe ser toda la Ley&#8221;. Básicamente se trata poner esta misma idea que estoy presentando, en un modo un poco más explícito y extremo (Ver Liber Al vel Legis sub figura CCXX, I:40).</p>
<p>En Wicca decimos &#8220;Si a nadie dañas, haz tu voluntad&#8221;. Un consejo más benévolo, pero enraizado en el mismo arbol de conocimientos.</p>
<p>La Voluntad Verdadera, es el deseo interno, marcado por una necesidad real, no por las necesidades ilusorias del momento. Quién ejerce su Voluntad Verdadera, está en la vía rápida de la autopista de la evolución.</p>
<p>Ni los Wiccanos ni los Thelemitas creemos en el pecado. Si creemos, en cambio, en la responsabilidad.</p>
<p>Faltar a nuestra voluntad es un acto que tiene una carga de responsabilidad. Si, sabiéndo qué necesito, no ejerzo mi fuerza de voluntad para lograrlo&#8230; estoy faltando a esa voluntad. Estoy traicionando mi esencia. Si creyéramos en el pecado, este sería uno de ellos.</p>
<p>No hay un &#8220;no puedo&#8221; cuando el deseo es una necesidad. No hay un &#8220;no puedo&#8221; cuando la Voluntad no es otra que la Verdadera Voluntad.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><strong>El Libre Albedrío y la cualidad humana. </strong></span></p>
<p>A diferencia de los animales, nosotros podemos decidir. Podemos elegir hacer caso a nuestro llamado interior, o no hacerlo. En última instancia, eso pone a nuestra felicidad individual en nuestras propias manos.</p>
<p>Nos permite elegir: hago esto porque mi objetivo es <em>tal</em>.</p>
<p>Pero también nos abre la puerta a no elegir.</p>
<p>Nadie puede sacarnos de esa dualidad. Es parte de nuestra naturaleza. Es el Don de la Humanidad, si se quiere. Todo ser sintiente tiene esta habilidad.</p>
<p>La próxima vez que tengas la oportunidad de decidir qué querés hacer&#8230; qué vas a hacer?</p>
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		<title>Apreciar la belleza del momento presente</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Feb 2008 14:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>The Mage of the Many Shadows</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reflexiones]]></category>
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		<description><![CDATA[Un poco siguiendo la lógica de las entradas anteriores, una pequeña reflexión sobre cómo el presente a veces nos hace un regalo&#8230; Vivimos a 10000 kilómetros por hora&#8230; trabajo, familia, salir, ir, volver, hacer y dejar de hacer&#8230; pareciera que &#8230; <a href="http://www.blog.elysium.com.ar/2008/02/21/momentopresente/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un poco siguiendo la lógica de las entradas anteriores, una pequeña reflexión sobre cómo el presente a veces nos hace un regalo&#8230;</p>
<p>Vivimos a 10000 kilómetros por hora&#8230; trabajo, familia, salir, ir, volver, hacer y dejar de hacer&#8230; pareciera que si miramos acaso el ahora, lo hacemos para sufrir la ansiedad del futuro, o para recriminarnos el pasado.</p>
<p>Que se yo, la crisis me pone filosófico.  Estos días me están dejando mucho para reflexionar.</p>
<p>En general, yo siempre fui una persona bastante introvertida, con mucha sensibilidad hacia mis propias emociones. Cómo también tengo una mente muy racional, lo que ocurre la mayor parte del tiempo es que esa introspección se traduce en un entendimiento profundo de mi vida interior. Y ojo que no es por mandarme la parte. Poder aceptar y entender que soy así me tomó años de terapia y de lágrimas.</p>
<p>Con el paso del tiempo extendí esa observación a mi entorno inmediáto&#8230; eso me hace, en general, muy consciente de la existencia del presente&#8230; es decir, del presente como un punto en el tiempo que es distinto del pasado, y que aún no es futuro. Es un infinitamente pequeño, pero a la vez, la conciencia lo puede volver infinitamente largo (como durante la meditación, por ejemplo).</p>
<p>El punto es que por más &#8220;preparado&#8221; y &#8220;advertido&#8221; que esté, no puedo huir de la vorágine de la vida mundana. La gente que me conoce personalmente seguramente puede identificar en mi esta dualidad: suelo ser muy tranquilo. Me gustan los silencios, me gusta observar. Me gusta charlar en paz y tranquilidad. Pero también puedo conservar un foco extraordinario de actividad, comprimiendo mil cosas para hacer en sólo una tarde. O entrando en una rutina peligrósamente ascelerada por tratar de cumplir tal o cual objetivo. Me suele pasar cuando tengo algún trabajo de programación, o cuando la política en el trabajo se vuelve demasiado asfixiante.</p>
<p>También me pasa en algunos momentos de crisis personal&#8230; sobre todo cuando hay familia involucrada. La principal diferencia es la forma en la que lo manifiesto: en vez de exteriorizar mi frustración y falta-de-entendimiento, me fuerzo a buscar la respuesta dentro mío, donde seguramente está. Lo que ocurre es que si no mantengo el nivel de &#8220;separación&#8221; del problema que necesito, no veo la solución aunque la tenga enfrente. Es como un loop infinito!</p>
<p>Y el ser humano es un ser de costumbres&#8230; de patrones. Ninguno de nosotros, ni siqueira los más caóticos individuos, puede escaparle a eso. Seguramente todos escuchamos el dicho popular &#8220;no apreciar lo que se tiene hasta que lo perdemos&#8221;. Esa idea es equivalente a decir que nuestra sensibilidad al contraste es más fuerte que nuestra habilidad de apreciar las &#8220;cosas&#8221; (cosas físicas, situaciones emocionales, sensaciones) de forma absoluta o independiente.</p>
<p>Incidentalmente,  yo se positivamente que nuestros sentidos funcionan así: el ojo tiene más sensibilidad a los contrastes que al tono absoluto de color . El oído es mucho más sensible a los cambios de frecuencia y amplitud que a la frecuencia y amplitud específica de un sonido (salvo en aquellos afortunados con oído absoluto). Estimar la temperatura exacta de algo al tacto es mucho más difícil que decir cual de dos objetos está más caliente. Tiene sentido que el mismo patrón se aplique a nuestras otras formas de percepción.</p>
<p>Cuando algo me altera, pierdo ese contacto con el presente. Pierdo contacto con el aqui/ahora. El pasado empieza a pesarme, y el futuro a producirme ansiedad o incertidumbre (prometo escribir en otro momento por qué cuando a uno le molesta la incertidumbre sobre el futuro es un signo de que algo anda mal en el presente).</p>
<p>Hay momentos especiales, sin embargo, en los que &#8220;de golpe&#8221; recupero el centro. Recupero la habilidad de contactar el presente. En el día de ayer eso me pasó&#8230; y viene acompañado de un gran contraste, en el que de vuelta puedo contactar con esa parte mía que tiene las respuestas.</p>
<p>El día empezó con otro episodio doloroso de mi conflicto con mi padre. Pasó por una mañana sin pena ni gloria. La tarde me trajo las sorpresas. A veces es una mirada, una palabra. Algo infinitamente trivial. El momento presente recuperó su belleza.</p>
<p>Y la tarde vino mejor que la mañana. El atardecer me dejó la primera gran decisión: admitir que no puedo resolver mi problema con mi padre yo solo. Hora de volver a hacer terapia más seguido, y pedir la ayuda necesaria. Un llamado telefónico, and all set.</p>
<p>La noche era la noche del eclipse. Los eclipses son momentos de magia. Son momentos de cambio y grandes fuerzas en acción y en reposo. De por si, como fiel seguidor de Urania y como alguien que siempre estuvo fascinado y enamorado del cielo, espectáculos como ese siempre me llegan al alma.</p>
<p>Así que tenía semi planeado un elaborado ritual, con la completa parafernalia pagana. Llegué a casa y fui a ver los detalles de los horarios y tránsitos en la red, para armar el ritual. Y cuando me conecté encontré compañía&#8230; y buena compañía. De golpe, toda la parafernalia del ritual pierde sentido, porque la verdadera esencia, el verdadero objetivo del día era reconectarme&#8230; y declarar mi intención de hacer algo al respecto de todas las cosas que me vienen causando pesar y dolor.</p>
<p>Y conforme las palabras fluían, era exactamente eso lo que estaba logrando. Gracias <img src='http://www.blog.elysium.com.ar/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Cuando finalmente me fui a instalar al jardín en medio de la noche, mi mente estaba clara y descansada. Mi propósito estaba firme.</p>
<p>El Universo me regaló varios momentos de signular belleza ayer: belleza para mirar, belleza para admirar&#8230; belleza para sentir. No puedo sentir más que agradecimiento.</p>
<p>Y estoy contento, realmente contento, por primera vez en muchos días. Gracias a la gente que conocí, gracias a recuperar la habilidad para apreciar la belleza y la gracia de un instante infinitamente pequeño, y a la vez infinitamente largo.</p>
<p>Y estoy realmente contento de haberte conocido <img src='http://www.blog.elysium.com.ar/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Que la Luz de las estrellas brille en nuestro camino!</p>
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